¡Queridos hermanos y hermanas!
¡Buen día! En este domingo en el que concluye la octava de pascua, les renuevo mis mejores deseos de pascua con las mismas palabras de Jesús Resucitado: ¡Paz a ustedes!. No es un saludo y tampoco un simple deseo: es un don, más aún, un don precioso que Cristo le ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y del infierno.
Ser consciente de que la Palabra de Dios está destinada a germinar, a crecer y a dar fruto en el alma de los hombres.
Por sí misma, la Palabra tiene toda la potencia de entrar en el corazón del hombre y convertirle. ¿Entonces dónde está el fallo? Una de dos: o en el que predica, que no lo sabe hacer, o en el campo –el alma- que recibe esa Palabra predicada. Que al menos no sea por nuestra culpa como predicadores sagrados. Si el corazón de los hombres se cierra como nos narra Cristo en la parábola del sembrador por culpa de las piedras, de las espinas, de la superficialidad (cf. Mateo 13: parábola del sembrador)…ahí está el desafío de un buen predicador: ayudar a que esas almas se abran a la Palabra. ¿Y qué recurso tiene además de la oración y el sacrificio? ¡La predicación bien preparada, incisiva, respetuosa, profunda, clara, motivadora y bien pronunciada!
Ser consciente de que es Dios quien convierte a las almas, no nosotros.
Pero Él se sirve de nosotros como canales, altavoces, acueductos y ministros de su Palabra para iluminar las mentes, caldear los corazones y mover las voluntades para que amen a Dios y cumplan sus mandamientos.
Por eso, debemos estar bien preparados en este campo de la predicación de la Palabra.
Todos nuestros estudios humanísticos, filosóficos, teológicos, pedagógicos…tienen como término final nuestra predicación, sea escrita (libros, artículos…), sea oral (homilías, retiros, congresos, charlas…).
Estudiamos para estar mejor preparados a la hora de nuestra predicación sagrada, no por prurito de vanidad, sino porque esa Palabra de Dios merece ser tratada y anunciada con dignidad, claridad y unción.
Ser consciente de que somos ministros de la Palabra desde el bautismo...
Por eso debemos leerla, meditarla, rumiarla durante toda nuestra vida. Debemos hacerla propia, revestirnos de esa Palabra, encarnarla en nuestra vida. Sólo así la transmitiremos fielmente, sin cortes, sin menguas, sin oscurecerla ni rebajarla.
Seúl (Agencia Fides) – En el Año de la Fe, la prioridad de la Iglesia es la evangelización. Así lo ha manifestado Su Exc. Mons. Yeom Soo-jung, Arzobispo de Seúl, en un encuentro con el clero de su Archidiócesis. Ante una asamblea de más de 550 sacerdotes (de un total de 700 sacerdotes en servicio en la diócesis), el Arzobispo ha señalado que: “lo más importante hoy es la evangelización de nuestra Iglesia. Si no se parte de nosotros mismos, lo que tratamos de predicar no tiene sentido. Es esencial para nuestra propia Iglesia cambiar y reformarse continuamente en Cristo”.
La Arquidiócesis de México informó que el próximo sábado 9 de marzo un grupo de jóvenes católicos abordarán el Metro para llevar el “mensaje de Dios cantando a las miles de personas que diariamente utilizan este sistema de transporte”.
Buenos Aires (AICA): El Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) realiza esta semana un “Taller de autosostenimiento de la Obra Evangelizadora de la Iglesia” con la presencia de obispos y presbíteros de diversas partes de América Latina y el Caribe. Se trabajará sobre modelos de gestión autosuficientes en la administración de los proyectos eclesiales y se compartirán experiencias de diversas partes del continente.
