Apuntes de + Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-20, Ciclo A).
I. La Ascensión del Señor: el encanto de su partida 1. La fiesta de la Ascensión del Señor tiene las características de las despedidas entrañables, pero en forma centuplicada. Recordemos alguna significativa. Por ejemplo, la partida de un ser querido para un viaje lejano y definitivo. Los que se despiden, aunque se veían todos los días, descubren de pronto el valor infinito del otro. Y querrían que ese momento no terminase nunca. Entre Jesús y los apóstoles pasó algo semejante. En la primera lectura, San Lucas dice que Jesús “se les apareció a sus discípulos y les habló del Reino de Dios durante cuarenta días”. Los apóstoles, por su parte, no querían creer que Jesús partía: “Permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía” (Hch 1,3.10).
“Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la Verdad para compartirla” (4 de mayo de 2008)
Queridos hermanos y hermanas:
1. El tema de la próxima Jornada mundial de las comunicaciones sociales, «Los medios de comunicación social: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la verdad para compartirla», pone de relieve la importancia del papel que estos instrumentos desempeñan en la vida de las personas y de la sociedad. En efecto, no existe ámbito de la experiencia humana —más aún si consideramos el amplio fenómeno de la globalización— en el que los medios de comunicación social no se hayan convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos. A este respecto, escribí en el Mensaje para la Jornada mundial de la paz del pasado 1 de enero: «Los medios de comunicación social, por las potencialidades educativas de que disponen, tienen una responsabilidad especial en la promoción del respeto por la familia, en ilustrar sus esperanzas y derechos, en resaltar su belleza» (n. 5: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 14 de diciembre de 2007, p. 5).
En la plenitud de los tiempos Cristo se encarnó, es decir se hizo verdadero hombre, permaneciendo verdadero Dios. Y nosotros nos encargamos de desencarnarlo, deshumanizarlo, convirtiéndolo en un ser angelical, viéndolo sólo como Dios, distante e indiferente. Esta idea de Jesús hace mucho daño en nuestra relación espiritual con Él.
Sin embargo Jesús experimentó todos los sufrimientos y sentimientos del ser humano y por eso nos comprende. Sabe cómo sentimos y cómo nos sentimos durante la vida.
Toda la celebración pascual, con sus lecturas bíblicas y cantos de resurrección tiene un sólo objetivo: hacer memoria de la resurrección de Cristo para recordarnos que Él vive.
No sólo está vivo sino que es un Dios todopoderoso. Jesús después de su resurrección afirmó: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.”, (Mt. 28:18). Y su poder está continuamente en acción entre nosotros: “los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres.”, (Mt. 11:5).
Pilar (Buenos Aires), 12 Abr. 08 (AICA ) Reflexión sobre Aparecida Los obispos que participaron de la 95ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, en Pilar, animaron hoy a las comunidades diocesanas a “vivir la fe y la misión con entusiasmo y pasión, en el espíritu de la misión de todo el Continente” y recordaron que “conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo del Señor”.
Las mujeres Miróforas se dirigían al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. ¿Cómo iban?, ¿Cuál era su estado de ánimo? Iban ansiosas y preocupadas por la piedra grande que cerraba la entrada al sepulcro y no sabían cómo la correrían. Sin embargo Dios, a través de su ángel, solucionó el problema antes de que llegaran, (Mc. 16:1-4).
La preocupación y ansiedad es siempre falta de fe, falta de confianza en Dios. La persona que se preocupa, está ansiosa, ocupada antes de que suceda lo temido. No confía en que Dios se ocupa de todo, nos protege y nos cuida, como leemos en la Biblia: “No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan. Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura”, (Mt. 6:31-33).
Apuntes de + CJG, para la Homilía del Domingo 3° de Pascua, 22 abril 2007.
I. “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”
1. La primera lectura de este domingo, tomada de los Hechos de los Apóstoles (5,27-41), destaca un rasgo fundamental del discípulo de Cristo: la libertad. Recordemos la escena. Los apóstoles están predicando en el Templo, y son arrestados por desobedecer la orden del Senado de no predicar a Cristo: “Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina”.
“(Pasado el sábado) El primer día de la semana de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba y le dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto” (Jn. 20,1-2).
El primer domingo, después de Pascua, la Iglesia Bizantino-Ucraniana celebra el domingo de Santo Tomás y en la Divina Liturgia se lee Juan 20:19-31 sobre el incrédulo apóstol. El drama de Santo Tomás, que no creía en la resurrección de Cristo, es nuestro drama, es el drama de toda la humanidad, que en su gran mayoría, no cree cien por ciento que Cristo resucitó y está vivo hoy – ¡que Jesús vive!
Les presentamos, esta alternativa para comprometerse como evangelizadores. Hay muchos que por su familia, trabajo, enfermedad y otras tantas razones, no pueden salir a visitar a otros, a anunciarles el amor de Dios. Ahora tienen la oportunidad de evangelizar con la oración desde sus hogares, lugares de trabajo y estudios e incluso desde el lecho de enfermos.