| El Espíritu Santo guía la Iglesia y nuestra vida |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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En la Iglesia Bizantino-Ucraniana, la fiesta de Pentecostés es conocida como “Zeleñi Sviáta” (fiesta verde), debido al color litúrgico de Pentecostés, el verde, símbolo de la vida que nos dona el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la vida, el amor y el poder de Dios, que se derrama sobre los cristianos. Cuatrocientos años antes de la encarnación de Jesús, el profeta Joel ya había profetizado su venida: “yo derramaré mi espíritu sobre todos los hombres: sus hijos y sus hijas profetizarán, sus ancianos tendrán sueños proféticos y sus jóvenes verán visiones. También sobre los esclavos y las esclavas derramaré mi espíritu en aquellos días”, (Joel 3:1-2). Jesús confirma esta promesa: “En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días". (...) recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra", (Hech. 1: 4-5 y 8). Es imposible creer, evangelizar, amar y confiar en Dios sin el Espíritu Santo. El es el motor de todo. El es quien guía, fortalece e inspira. El distribuye dones y carismas para la edificación de la Iglesia de Cristo y para la gloria del Padre. Generalmente no tenemos dificultades para aceptar que Satanás puede poseer a una persona, aunque esto suceda sólo si la persona lo invoca, lo llama, hace un pacto con él. En este caso Satanás ingresa y se apodera de esa persona. Habla y actúa a través de ella. ¿Qué obras realiza?: maldice a Dios, rechaza la oración, odia y rachaza a la Iglesia, a los santos y especialmente a la Virgen María. Enferma, daña, destruye, demuestra un cierto poder, realiza algunos falsos milagros para engañar y desviar a los que creen en Dios, trae tristeza y quita la paz. A su vez, al Espíritu Santo lo recibimos en el bautismo y en la confirmación, pero puede estar totalmente inactivo, no actúa, no toma posesión hasta que nosotros lo aceptamos, lo invocamos, lo invitamos a que ingrese y le damos permiso para que se apodere de nosotros, nos posea. Entonces El habla y actúa a través de nosotros. ¿Qué obras realiza?: Alaba, bendice y glorifica a Dios, nos hace amar a la Iglesia de Cristo, nos hace amar e imitar a los Santos y especialmente a María, nos dona el deseo de orar, sana las enfermedades, trae paz, gozo y felicidad, demuestra su poder con dones, carismas, signos, prodigios y milagros. Con frecuencia decimos erróneamente: “Yo tengo el Espíritu Santo”, como si tuviera una cosa de la cual puedo disponer a mi antojo, cuando la necesito, y bajo mi control, yo manejo. Lo correcto es decir: “El Espíritu Santo me tiene a mí, me posee”, El controla todo, yo me dejo guiar por El. Para saber, para discernir quién posee nuestra vida, quien obra en nosotros, debemos observar los frutos. Si es Satanás quien obra en nosotros y a través de nosotros, los frutos son: “fornicación, impureza y libertinaje, idolatría y superstición, enemistades y peleas, rivalidades y violencias, ambiciones y discordias, sectarismos, disensiones y envidias, ebriedades y orgías, y todos los excesos de esta naturaleza”, (Gal. 5:19-21). Sin embargo si es el Espíritu Santo, quien obra en nosotros y a través de nosotros, los frutos son: “amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia”, (Gal. 5:22-23). Del contexto y por los frutos, podemos deducir quien posee, guía y habla a través de la sociedad argentina actual, impregnada de violencia e inseguridad, egoísmo y promiscuidad, materialismo y erotismo, mentiras y falsas promesas, ambiciones políticas sectoriales, fraudes y robos. ¡Argentina se levantará cuando vuelva a Dios y permita que el Espíritu Santo sea el motor y el alma de la sociedad! Para que el Espíritu Santo sea quien nos guía y obre a través de nosotros, debemos someternos y entregarnos totalmente a Dios, abandonar la vida pecaminosa, invocar y abrir nuestra vida al Espíritu Santo y dejarnos poseer y guiar por El. La Iglesia Bizantino-Ucraniana tiene una oración litúrgica, que sus fieles rezan todos los días, para invocar al Espíritu Santo antes de todas las oraciones y actividades: “Rey Celestial, Consolador, Espíritu de la verdad, que estás en todo lugar y todo lo llenas, fuente de dones y dador de vida; ven a habitar en nosotros y purifícanos de todo pecado. Tú que eres bueno, sálvanos”.
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