| Alimentar al hermano |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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El salmo 139 canta la maravillosa creación de Dios: Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre: te doy gracias porque fui formado de manera tan admirable. ¡Qué maravillosas son tus obras! Tú conocías hasta el fondo de mi alma y nada de mi ser se te ocultaba, (Sal. 139: 13-16). Todo lo que somos, la vida misma, es un regalo de Dios. Dios nos formó, nos plasmó amorosamente en el vientre de nuestra madre. También todo lo que poseemos es un regalo de Dios, como leemos en la carta a los Somos simples administradores temporales de las cosas de Dios, no dueños, no propietarios absolutos. Por ello no debemos apegarnos a nada ni a nadie, nada es mío, todo es de Dios. Estamos llamados a compartir con el prójimo lo que somos y lo que tenemos. Jesús nos invita y nos envía a alimentar al prójimo: “denles de comer ustedes mismos”, (Mt. 14:16b). El apego y el egoísmo no nos permiten alimentar al hermano. Todo lo que a mí me sobra, le falta a alguien en el mundo. Estamos llamados a alimentar al hermano, no sólo con los bienes materiales que administramos, con el diezmo que damos, sino tambien con lo que somos. A gastar la vida al servicio, para alimentar a los demás. Estamos llamados a ser Eucaristía como Jesús, que se entregó para alimentarnos. Estamos llamados a decir como Jesús: tomen y coman. Tomen y coman este mi diezmo, mis bienes; tomen y coman estos son mis dones y carismas y los entrego para alimentar a mi hermano, con la Palabra de Dios, como catequista, con el canto, como servidor, evangelizando casa por casa, visitando enfermos o prisioneros, consolando a los afligidos y agobiados, enseñando al que no sabe; tomen y coman este es mi tiempo y lo entrego trabajando en los distintos equipos de servicio en la parroquia; tomen y coman esta es mi vida y la entrego como sacerdote, religiosa o diácono; tomen y coman esta es mi vida y la entrego como mamá o papá para que mis hijos tengan un hogar lleno de amor y oración. Estamos llamados a gastar nuestra vida alimentando al prójimo. Todo lo que hacemos por el hermano lo hacemos por Jesús mismo, porque Él se identifica con el prójimo: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”, (Mt. 25:40). Sería triste si somos como la higuera, llena de hojas, pero sin frutos que alimenten: “Al ver una higuera cerca del camino, se acercó a ella, pero no encontró más que hojas. Entonces le dijo: "Nunca volverás a dar fruto". Y la higuera se secó de inmediato”, (Mt. 21:19). Seria bueno meditar si estamos alimentando y de qué manera, a los demás con lo que somos y con lo que tenemos, ¿o vivimos una vida egoísta, cerrada en sí misma, que no alimenta a nadie?
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