| Dios es nuestro refugio seguro |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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La Biblia relata el caso de una mujer, que estaba enferma durante 18 años, atada por el poder de Satanás:“Y esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo aprisionada durante dieciocho años, ¿no podía ser librada de sus cadenas el día sábado?", (Lc. 13:16). Nuestra vida puede ser afectada o atada por Satanás con enfermedades, fracasos, divisiones, discordias, etc, porque estamos sumergidos en una lucha contra el espíritu del mal, como nos enseña la Palabra de Dios:“nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio”, (Ef. 6: 12). Satanás es un espíritu que fue creado por Dios, pero que perdió su condición de ángel de luz a causa de su soberbia y rebeldía contra Dios. Este ángel convertido en un espíritu del mal, lucha constantemente contra nosotros impulsado por la envidia, porque nosotros poseemos lo que él ha perdido: la salvación eterna, la felicidad de los hijos de Dios y el amor de Dios. Trata de quitarnos este tesoro con mentiras y engaños: “Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira”, (Jn 8:44). Inclusive intentó engañar a Jesús en el desierto, ofreciéndole todos los reinos del mundo a cambio de adoración: “Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá", (Lc. 4: 7). Es un mentiroso porque nada le pertenece a él, todo es de Dios. Hoy, los que actúan bajo el poder de Satanás, trabajan para él, tratando de dañar por todos los medios a los elegidos de Dios. Realizan trabajos de macumberia, sesiones satánicas y brujerías contra los sacerdotes y las parroquias, para dividir, desalentar, desanimar, destruir la comunidad o el entorno de los consagrados. Realizan trabajos maléficos contra personas y familias para enfermar, separar matrimonios, separar a los novios o para seducir a la persona que no cede antes las insinuaciones. En fin las modalidades y objetivos son innumerables. Hubo una familia, cuyo hijo de cinco años, ya no dormía hacía aproximadamente 20 días, no comía, tenía fiebre, le dolía el oído interno, lo invadía el pánico y desesperación, se estaba desahuciando; los pediatras y los médicos no encontraban nada anormal en su organismo, no pudiendo diagnosticar su enfermedad. Pero después de una sesión de oración con imposición de manos por parte de un sacerdote, el niño recuperó completamente su salud y bienestar. El trabajo maléfico estaba hecho con el fin de dañar a sus padres en la carrera profesional y familiar. Esta es nuestra realidad, pero la buena noticia es Jesucristo, Él es nuestro único Señor y Salvador y con Él siempre salimos vencedores y triunfantes. Como dice el Apóstol: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, (Rom. 8: 31). En la carta a los Efesios, San Pablo nos enseña a defendernos y protegernos: “fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder. Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio (...) tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos. (…)Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno”, (Ef. 6:10-17). Nosotros, por nuestra parte debemos hacer todo lo posible para cerrar todas las puertas y ventanas al maligno. Eliminando todos los caldos de cultivo. No permanecer en el pecado, especialmente liberarnos de todo odio, rencor, resentimientos, envidias y celos. Evitar la pornografía, la lujuria, las infidelidades y adulterios. No frecuentar a los curanderos, astrólogos, parapsicólogos, mentalistas, adivinadores y cartománticos. No practicar el control mental o el reiki. Evitar el consumo de alcohol, no consumir drogas, no escuchar música metálica pesada con mensajes subliminales, que enturbian la mente y el corazón, evitar las novelas, programas y películas con antivalores cristianos. Debemos ser personas de profunda oración, de confesión y comunión eucarística frecuente. Debemos hacer todo lo posible para estar en gracia de Dios, no por miedo, sino por amor sincero, como respuesta a Dios que nos ama tanto. Debemos resistir al maligno, estando íntimamente unidos a Jesús. Hay personas que en lugar de resistir al maligno, resisten a Dios; en lugar de rechazar al maligno, rechazan a Dios. Se burlan de los cristianos, se niegan a participar de la Divina Liturgia dominical, no leen la Biblia ni rezan. ¡Son vidas desprotegidas! Me llamó mucho la atención el siguiente relato: En al año 2004 en la localidad de Londrina en Brasil, una joven de 19 años había comenzado a beber alcohol y a consumir drogas. Un día se vistió escandalosamente para salir con cuatro jóvenes, uno de ellos de 13 años, quienes la pasaron a buscar en su auto, estando todos ebrios y bajo la influencia de estupefacientes. La mamá desesperada, al ver a su hija en ese ambiente, la acompañó hasta el auto y le dijo: “Que Dios te acompañe, hija”. Se escuchó una fuerte carcajada burlona dentro del auto y la hija le contestó: “Mamá, no seas tonta y no digas pavadas, no ves que no hay lugar en el auto, si Dios quiere viajar que vaya en el baúl, ja, ja, ja”. Partieron a toda marcha y al poco tiempo tuvieron un accidente en el cual murieron todos. El auto quedó destrozado, en el interior se encontraron drogas y bebidas alcohólicas. Pero al realizar el peritaje técnico, un detalle llenó de espanto a los bomberos, el baúl del auto estaba intacto y al abrirlo hallaron adentro una bandeja con 33 huevos, de los cuales ni siquiera uno se rompió. Cuando rechazamos a Dios, Él se retira, y quedamos totalmente desprotegidos. Debemos amar a Dios con todo nuestro corazón y sobre todas las cosas, buscar refugio seguro en su corazón, que arde de amor por nosotros, adorándolo sólo a El, que es nuestro Rey y Señor. Poner nuestra confianza sólo en Él, así como reza el salmista: “El señor es mi pastor, nada me puede faltar”, (Sal. 23:1). Navidad es el nacimiento, la venida de este maravilloso Dios, que nos ama infinitamente y viene a salvarnos.
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