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La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Carmelo Juan Giaquinta

I. Jesús simbolizado en el cordero pascual

1. Por pobre que sea nuestro conocimiento bíblico, siempre nos conmueve el relato del cordero pascual, que hemos escuchado en la primera lectura: Ex 12,1-8.11-14. Y ello, porque sabemos que el Cordero es símbolo de Cristo.

¿Cuál es el ser sin mancha en quien Dios se complace? ¿Acaso podría ser un corderito blanco? Nos lo dice el apóstol Pedro en su primera carta: “Ustedes fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como son el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto” (1 Pe 1,18-19). ¿Cuál es el ser incapaz de vengarse de los que le hacen el mal? No es otro que Jesús. Así se lo explicó Felipe al ministro de Etiopía que leía al profeta Isaías: “Como oveja fue llevado al matadero, y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca” (Hch 8,32.35). Así lo hemos visto el Domingo de Ramos, en la narración de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34). Y lo veremos también mañana, en la Pasión según San Juan: “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?” (Jn 18,11). Jesús es el verdadero “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29.36). Así lo proclamó Juan Bautista. Y sus palabras nos las recuerda el sacerdote en cada Misa cuando, antes de comulgar, presenta al pueblo la santa hostia.

Y podríamos seguir. San Juan, en el Apocalipsis, por veintisiete veces lo llama a Jesús “el Cordero”, “el Cordero degollado”. Pero no es el caso de hacer un estudio bíblico sobre esta figura. Lo que importa en estos días de Semana Santa es sintonizar espiritualmente con los sentimientos y actitudes de Cristo, simbolizado en el cordero sin mancha.

 

II. ¿Por qué comulgamos con pan ácimo?

2. Hoy pongamos la atención en otro elemento de la primera lectura: “Esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura” (Ex 12,8). El pan sin levadura, o pan ácimo, es una figura bíblica a la que casi no prestamos atención. (“Zymé en griego, significa levadura. “Ácimo”, “sin levadura”). Sin embargo, es rica de significado. Y nos puede ayudar a vivir la Semana Santa.

 

3. A los días de Pascua los judíos los llamaban “los días de los Ácimos”. San Lucas dice: “Estaba cerca la fiesta de los Ácimos, llamada Pascua” (Lc 22,1.7; cf Hch 12,3; 20,6; Mt 26,17; Mc 14,1). Ese día el cordero pascual era comido con pan ácimo; es decir, con pan de trigo puro, sin levadura. No sólo había de ser sin mancha el cordero que se comía, sino también el pan que lo acompañaba.

De allí que el apóstol San Pablo, en su catequesis, le prestó atención al pan ácimo. Ante la falsa benevolencia de los corintios con un miembro de la comunidad que convivía maritalmente con su madrastra, les dice: “¿No saben que un poco de levadura hace fermentar toda la masa? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad” (1 Co 5, 6b-8; cf Ga 5,9). Este pasaje es leído en la misa del día de Pascua.

 

4. El mismo Jesús se refiere varias veces a la levadura como símbolo del mal del que hay que mantenerse alejado, o que tenemos que arrancar de nosotros: “Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía” (Lc 12,1; cf Mc 8,15; Mt 16,6.11-12).

 

5. ¿Nos damos cuenta ahora por qué la santa hostia que recibimos al comulgar está hecha con pan ácimo, sin levadura? La Ordenación General del Misal Romano prescribe: “El pan para la celebración de la Eucaristía debe ser exclusivamente de trigo, hecho recientemente y, según, la tradición de la Iglesia latina, ácimo” (OGMR 282). En la Santa Comunión comulgamos a Cristo, que es trigo puro. Él es la Suma Bondad. En él no hay maldad alguna. También nosotros hemos de comulgarlo siendo trigo puro como él, sin ceder a la maldad.

 

III. Tres símbolos y una sola realidad: el Cristo pascual

6. Podemos relacionar esta enseñanza con la segunda lectura hecha hoy: 1 Co 11,23-26. En ella el apóstol Pablo les recuerda a los corintios la institución de la Santa Cena; y ello, porque los corintios tendían a confundir la Eucaristía con una comida común. De allí, la importancia que él da a la preparación espiritual para comulgar: “Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa” (v.28).

Y la podemos relacionar también con la lectura del Evangelio: Jn 13,1-15. Sobre todo, con el diálogo de Jesús con Pedro, el cual se resiste a que le lave los pies: “Si no te lavo, no podrás compartir mi suerte” (Jn 13,8). Todos necesitamos ser lavados por Jesús. Sin él no seríamos sino suciedad.

 

7. Cordero sin mancha, pan ácimo, lavatorio de los pies: tres símbolos de lo que la Pascua está llamada a realizar en nosotros. Los tres hablan de la purificación del corazón. La misma que opera en nosotros el Bautismo, cuyas promesas renovaremos por tres veces en la Vigilia Pascual: “¿Renuncian al Demonio? ¿Le creen a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo?”.
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