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miércoles, 07 de enero de 2009
 
 
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La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Carmelo Juan Giaquinta

I. La alegría de los Apóstoles
1. La primera lectura y la del Evangelio relatan la misma escena y pertenecen al evangelista San Lucas. Es la última vez que Jesús se manifestó a sus Apóstoles. Con ella Lucas cierra el libro del Evangelio, primer tomo de su obra (Lc 24,46-53), e inicia el segundo: los Hechos de los Apóstoles (1,1-11). En ambas lecturas Jesús promete la efusión del Espíritu Santo: “Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto” (Lc 24,49; cf Hch 1,4). En ambas, les da a los Apóstoles el mandato de ser sus testigos: “Ustedes son testigos de todo esto” (Lc 24,48; cf Hch 1,8). En ambas, se separa de los Apóstoles: “Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo” (Lc 24,50-51; cf Hch 1,9).

2. ¿Y después? No sucedió el vacío ni la tristeza que deja la partida de un amigo entrañable. Todo lo contrario: “Los discípulos que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24,52; cf. Hch 1,12.14).

La alegría: es lo que quiero subrayar hoy. La alegría es una característica de la Iglesia de los Apóstoles. Jesús no está ya más presente físicamente, pero sus discípulos están alegres como no lo estuvieron nunca antes. Les recuerdo sólo dos escenas, que se leen en el segundo y tercer domingo de Pascua: “Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hch 2,46). “Los Apóstoles salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido dignos de padecer por el nombre de Jesús” (Hch 5,41).

 

3. ¿A qué se debe esta alegría? A pesar de su ausencia física, Jesús está presente en su Iglesia más que antes, gracias a una presencia nueva, espiritual, que él prometió. De allí, la conveniencia de su partida: “Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré” (Jn 16,7). De allí, la alegría desbordante de los Apóstoles. Cuando viene el Espíritu Santo, realiza en nosotros su obra maravillosa, pues nos hace comprender todo el misterio de Jesús: “El Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho” (Jn 14,26). Lo que no pudo hacer Jesús mortal, lo hace su Espíritu, pues penetra hasta lo más hondo de nosotros, siempre que nos abramos a él con fe y amor. ¿Cómo no estar entonces henchidos de alegría? “Ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar” (Jn 16,22).

II. Examen sobre la alegría en la Iglesia contemporánea

4. Conviene que nos preguntemos por la alegría espiritual, tanto en nuestra vida personal, cuanto en la de mi comunidad cristiana. San Pablo nos enseña a reconocer la alegría del Espíritu Santo porque va acompañada de otros frutos: “Amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Ga 5,22-23). En cambio, la ausencia del Espíritu Santo es suplantada por la presencia del Maligno, y ésta se percibe en frutos venenosos: falta de oración, orgullo, murmuración, discordia pastoral. Estos entristecen e incapacitan para ser “discípulos y misioneros de Jesucristo”, como dice el lema de de la V Conferencia.

 

5. Roguemos para que Aparecida acreciente en la Iglesia la alegría por la presencia del Señor, y nos ayude a discernir actitudes que señalan su ausencia en muchas situaciones, las cuales denotan una profunda tristeza y entorpecen la Nueva Evangelización del Continente.

 

III. Jornada mundial para las Comunicaciones Sociales

6. Hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, con el lema: “Comunicación social: un reto para la educación”. Les leo un párrafo del mensaje del Papa sobre la influencia de los medios en los niños: “Si bien afirmamos que muchos operadores de los medios desean hacer lo que es justo, debemos reconocer que los comunicadores se enfrentan con frecuencia a presiones psicológicas y especiales dilemas éticos, viendo cómo a veces la competencia comercial fuerza a rebajar su estándar. Toda tendencia a producir programas –incluso películas de animación y video juegos– que exaltan la violencia y reflejan comportamientos antisociales o que, en nombre del entretenimiento, trivializan la sexualidad humana, es perversión; y mucho más cuando se trata de programas dirigidos a niños y adolescentes”.

 

IV. El Jefe de Gabinete mal informado

7. Ustedes papás y abuelos, eduquen a sus hijos y nietos a ser críticos con cuanto se dice en los medios. Un ejemplo lo tienen en lo que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, atribuyó al Cardenal Bergoglio haber dicho en Aparecida: “No sé por qué Bergoglio habla así. En 2003 teníamos el 60 por ciento de pobreza y hoy tenemos el 28”. ¿Pero qué dijo el Cardenal Bergoglio? En el texto de su ponencia leo: “Hay un 26,9% en el nivel de Pobreza”. Es decir, que el Cardenal trazó un cuadro más favorable a la gestión del presidente Kirchner que su ministro coordinador. ¿Por qué, señor ministro, no se informa antes de hablar? Todos tenemos derecho a decir lo que pensamos. Pero algunos, entre ellos usted, tenemos una obligación muy grave de pensar lo que decimos.

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