| San Juan Bautista o Maquiavello |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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En este domingo recordamos en la liturgia el nacimiento de San Juan Bautista el Precursor del Señor. San Juan como los profetas del antiguo testamento, era testigo de la ley en su propia vida. El profeta es el que da testimonio. El canto de Zacarías que leemos en el Evangelio de este domingo (Lc. 1,57-66.80), enmarca el ambiente profético que prepara el nacimiento de Jesús.
En este mensaje dominical quiero que reflexionemos sobre la figura ejemplar de San Juan Bautista para ahondar en la dimensión testimonial de la vocación profética. En realidad todos estamos llamados a ser profetas desde el bautismo. En la unción post-bautismal se dice: “Él te unge ahora con el crisma de la Salvación para que permaneciendo unido a Cristo Sacerdote, Profeta y Rey, vivas eternamente”. Sabemos que no es fácil para los cristianos ejercitar esta dimensión profética en el mundo que nos toca vivir. Sin embargo será clave que profundicemos nuestra vocación bautismal y como discípulos busquemos caminos para poner en práctica la palabra de Dios y construir nuestra vida familiar y social sobre la verdad. Lamentablemente en nuestra Patria la gente está muy desengañada y tiene una gran falta de credibilidad. Seguramente esto ocurre porque aquellos que están llamados a ser constructores de la sociedad en la vida pública no ponen el eje en “el bien común”, sino solo en estrategias para construir poder sectorial o bien para sí mismos, sin considerar “realmente” a la gente y sus problemas. Al respecto hace algunos días releí algunas frases de Maquiavello, considerado el creador de la política moderna, en su famoso libro “el Príncipe” y quedé perplejo por la actualidad de su pensamiento y por su contenido exactamente contrario a esta dimensión profética del cristiano. En su libro dice: “Un príncipe (o bien un hombre con poder), no puede ni debe mantener fidelidad en las promesas, cuando la fidelidad redunda en perjuicio propio. Dejando de lado todo escrúpulo, debe concretar el plan que proteja su supervivencia”. O peor: “triunfad siempre aún por el peor medio, y os darán siempre la razón”. Aunque no creo que muchos hayan leído a Maquiavello, lamentamos que en la actualidad tenga tantos seguidores. Este ambiente, donde se construye sobre arena y no sobre la verdad, asume como que lo normal en política es la “construcción sucia”, y por esto la política va distanciando gravemente el poder del servicio, y provoca indiferencia y falta de credibilidad en nuestra gente. Durante este tiempo en que nos encaminamos a nuevas elecciones a distintos cargos en octubre, no será tarea de la Iglesia como Institución la política partidaria, ni el armado de frentes, aunque sí estaremos abiertos al diálogo con todos los sectores, aportando elementos que desde la doctrina social de la Iglesia creemos que son claves en la construcción social, política y cultural. El Papa Benedicto en Aparecida nos decía que: “La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Sólo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencias y ofrecer una opción de vida que va más allá del ámbito político. Formar conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector. Y los “laicos católicos” deben ser concientes de su responsabilidad en la vida política: deben estar presentes en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias… Por tratarse de un Continente de bautizados, conviene colmar la notable ausencia, en el ámbito político, comunicativo, y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas. Los movimientos eclesiales tienen aquí un amplio campo para recordar a los laicos su responsabilidad y su misión de llevar la luz del Evangelio a la vida pública, cultural y política” (4). Lamentablemente muchos dirigentes cristianos rápidamente se mimetizan y “maquiavelizan” sus opciones y accionar. Hoy hace falta que en ámbitos esenciales de la vida pública la gente pueda recobrar la credibilidad. “Los sacerdotes y los pastores” debemos acompañar con la catequesis social a todos y los “laicos” a ejemplo de San Juan Bautista y no de Maquiavello, deben asumir una misión profética cuyo eje pase realmente por el bien común. En nuestra Patria hacen falta muchas cosas, pero sobre todo gente que sea creíble, veraz, para construir una sociedad con esperanza.
¡Hasta el próximo domingo! Mons. Juan Rubén Martínez
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