| Hacia el día Jubilar |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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En pocos días, el próximo sábado 7 de julio a las 17 horas en el atrio de la Catedral, tendrá lugar la Santa Misa, momento central de nuestro año jubilar. Será nuestra acción de gracias a Dios por estos 50 años de creación de la Diócesis de Posadas. Por tal motivo esa tarde suspenderemos todas las Misas de la Diócesis, y desde todas las comunidades peregrinaremos para celebrar este momento de agradecimiento y comunión. Esta Misa será presidida por el Nuncio Apostólico y también participarán otros obispos que nos acompañarán, entre ellos Mons. Carmelo Giaquinta, emérito de la Arquidiócesis de Resistencia y Mons. Alfonso Delgado actual arzobispo de San Juan. Compartiremos como “pueblo de Dios”, junto al presbiterio de la Diócesis en los 50 años que Mons. Jorge Kemerer asumiera como primer Obispo de Posadas. Son muchos los motivos para agradecer por la historia de varios siglos de evangelización en nuestras tierras, y por estos 50 años que vamos transitando como Diócesis. Por todo esto pido que todos nos preparemos espiritualmente y sobre todo con nuestra oración para este acontecimiento central en la vida de nuestra Diócesis.
Si bien tenemos momentos extraordinarios de celebración como los del próximo sábado 7 de julio, hemos querido vivir este año jubilar profundizando en la conversión y comunión buscando respuestas adecuadas en la Evangelización en este inicio del siglo XXI. Por tal motivo nos hemos preparado y estamos realizando nuestro primer Sínodo Diocesano. Los textos del Evangelio de este domingo (Lc. 9,51-62), nos ayudan a comprender que no podremos evangelizar en nuestro tiempo como nos pide el Señor, si no nos disponemos a seguirlo con radicalidad y como verdaderos discípulos. Sobre la necesidad de renovar nuestra condición de discípulos y misioneros de Jesucristo, el Señor, seremos enriquecidos con los aportes que significará el documento de Aparecida y aquellas orientaciones que guiará nuestro Sínodo diocesano, como fruto del año jubilar.
Es indispensable que profundicemos y maduremos la comprensión, que el discipulado en el cristianismo no se refiere en primer lugar al seguimiento de una doctrina, ni es una teología-teoría del mundo o una teoría desde los pobres, su ángulo para mirar la realidad no son un conjunto de normas morales. Tampoco ser cristiano es la realización de algunas prácticas de piedad o el cumplimiento de algunos rituales. El discipulado implica el seguimiento de la “persona de Jesucristo”. En esto el cristianismo expresa su singularidad en relación a otras religiones. La vinculación a la persona de Jesús no es por un tiempo o bajo un aspecto determinado. El discípulo que sigue a Jesús se encuentra con la necesidad de asumir sus enseñanzas. Desde Él, nosotros nos comprometemos con una doctrina, aquello que Él nos reveló, hacemos una opción preferencial por los pobres y marginados y solo desde Él tienen sentido nuestras prácticas de piedad. Estas enseñanzas son liberadoras y nos regalan “La Vida”, pero también hay que decir que dichas enseñanzas no son propuestas proselitistas, sino por el contrario “su camino” es exigente e implica un seguimiento que tiene necesariamente que ver con la cruz. Por eso en el texto de este domingo, Jesús ante algunos que expresan el deseo de seguirlo: “Te seguiré adonde vayas!” (Lc. 9,57), le advierte que Él, que es “el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc. 9,58). Y más adelante dice: “El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc. 9,62).
Quizás nos venga bien preguntarnos: ¿Podemos vivir este discipulado de Jesucristo, en medio de un mundo tan complejo y donde las ofertas parecen tan diferentes a la propuesta cristiana? Desde ya que debemos reconocer que es difícil. Uno de los principales males viene por el lado del “secularismo”, la indiferencia y el individualismo religiosos. Pero también lamentablemente hay propuestas religiosas que son consumistas y entusiasman temporalmente a algunos y después los dejan peor que antes. Aunque difícil, sabemos que es posible vivir nuestra condición de cristianos porque Dios nos ayuda con su gracia. Seguramente en quienes podemos encontrar las mejores respuestas es en el testimonio de tantos santos y mártires del pasado y de nuestro tiempo. En este año jubilar si abrimos nuestro corazón a Dios seguramente obrará especialmente su gracia para que podamos ser realmente los discípulos y misioneros de Jesucristo, que nuestro tiempo necesita. El próximo sábado 7 de julio nos encontraremos en “la Misa Jubilar”.
¡Les envío un saludo cercano! Mons. Juan Rubén Martínez
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