| Para ser libres nos libertó Cristo |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Domingo S. Castagna | |||||
“Para ser libres nos libertó Cristo” (San Pablo a los Gálatas). El pensamiento de Mayo debía florecer necesariamente en la Independencia de la que hoy celebramos el 191 Aniversario. El entonces pueblo argentino llevó a término lo que proclamó el 25 de mayo de 1810. Lo seguiría haciendo - y lo tendrá que seguir haciendo - en el transcurso de su historia.
Para ello, como ciudadanos, debemos auto examinarnos con honestidad y recomponer las rutas equivocadas. Los valores, sabiamente formulados por aquellos padres de la Patria, permanecen allí y continúan desafiando a las actuales generaciones. La “nueva y gloriosa Nación” sigue resonando en nuestra canción patria como un anhelo popular que reclama ser llevado a término por los caminos del esfuerzo común y de una auténtica amistad cívica. Está en nuestras manos el lograrlo. El único milagro que Dios abre ante nuestros pasos, a veces vacilantes, es el de iluminar nuestra mente y fortalecer nuestro ánimo patriótico. Como pueblo religioso y cristiano suplicamos, en esta ocasión, la luz para decidir bien y la fortaleza para mantener la empresa común - de ser la Argentina - hasta su perfecta realización. He iniciado este breve mensaje con las palabras del Apóstol Pablo dirigidas a los cristianos de Galacia. Los próceres de la Independencia habían abrevado su propósito de ser libres principalmente en su fe religiosa. Las palabras apostólicas abren una senda despejada por la humildad y la confianza en la gracia del Salvador. Esas mismas virtudes, valores exhibidos por grandes pueblos, conducirán a los ciudadanos a sostenerlas en la lucha - a veces dolorosa y sangrienta - y en la paz. Ya no existen depredadores externos que pretendan arrebatarnos la identidad de pueblo libre y soberano. Los hay filtrados por otras fronteras que debiéramos defender como las territoriales. Me refiero a las edificadas, hace 191 años, en virtud de los valores morales y de la genial inspiración de aquellos representantes eminentes del pueblo argentino. Recordamos para no salirnos del sendero. Conmemoramos para actualizar sus contenidos y confirmar su antigua definición. Pedimos al Señor su amorosa clemencia por los errores que aún cometemos y, en esta ocasión, reformulamos el voto solemne de llevar a término la grandeza de la Patria. El exacto sentido de la libertad está en el mensaje evangélico que suscitó la fe religiosa de nuestro pueblo. De allí la importancia - para la Iglesia de Cristo - de mantenerlo abierto a la sed de una sociedad que quiere no detener su marcha hacia el verdadero progreso. Sin duda reclamará ajustar los diversos comportamientos y convertir en convicciones firmes e inderogables los valores que expone. Es preciso, por ello, que no se los someta a la acción corrosiva de irresponsables y advenedizos adversarios. Nuestro pueblo correntino ha marcado a fuego los principios cristianos. Hoy mismo, Solemnidad litúrgica de Nuestra Señora de Itatí, halla la ocasión para confirmar su identidad y enarbolar uno de sus signos religiosos más amados y socialmente influyentes. El día de la Independencia y el día de la “tierna Madre de Itatí” convergen en un impulso eficaz hacia el florecimiento de los dones que este pueblo ha recibido y debe ofrecer a sus futuras generaciones. Pidamos al Señor que nos libertó ser libres de verdad. ¡Feliz día de la Patria y de Nuestra Madre de Itatí!
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“Para ser libres nos libertó Cristo” (San Pablo a los Gálatas). El pensamiento de Mayo debía florecer necesariamente en la Independencia de la que hoy celebramos el 191 Aniversario. El entonces pueblo argentino llevó a término lo que proclamó el 25 de mayo de 1810. Lo seguiría haciendo - y lo tendrá que seguir haciendo - en el transcurso de su historia.
Para ello, como ciudadanos, debemos auto examinarnos con honestidad y recomponer las rutas equivocadas. Los valores, sabiamente formulados por aquellos padres de la Patria, permanecen allí y continúan desafiando a las actuales generaciones. La “nueva y gloriosa Nación” sigue resonando en nuestra canción patria como un anhelo popular que reclama ser llevado a término por los caminos del esfuerzo común y de una auténtica amistad cívica. Está en nuestras manos el lograrlo. El único milagro que Dios abre ante nuestros pasos, a veces vacilantes, es el de iluminar nuestra mente y fortalecer nuestro ánimo patriótico. Como pueblo religioso y cristiano suplicamos, en esta ocasión, la luz para decidir bien y la fortaleza para mantener la empresa común - de ser la Argentina - hasta su perfecta realización. 


