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Inicio arrow La Voz de Nuestros Pastores arrow Mñor. Domingo S. Castagna arrow Los trastornos de la injusticia y la gracia de Jesucristo que cambia el corazón
miércoles, 07 de enero de 2009
 
 
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La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Domingo S. Castagna
San CayetanoLos trabajadores correntinos vienen peregrinando hacia San Cayetano - el Santo del pan y del trabajo - cuya imagen se venera en este flamante Santuario. En su Fiesta - el pasado 7 de agosto - recordábamos su figura especialmente señera en la hora de la auténtica reivindicación del trabajador en su dignidad de hijo de Dios y de cooperador en la obra creadora. El hombre (todo hombre y mujer) es elegido para coronar el Universo material “como su síntesis”. Debe alejar de su vida toda esclavitud, de cualquier naturaleza, y toda maligna seducción para hacerle olvidar este providencial destino. La prevalencia del mal ha borroneado el proyecto divino y ha multiplicado las esclavitudes hasta darles carta de ciudadanía en nuestra moderna y confundida sociedad. Los más débiles, los carentes de suficientes recursos económicos, están sufriendo las variadas formas de la única esclavitud. No podemos, sin embargo, circunscribirla al ámbito exclusivamente económico. Viene de lejos, se ha gestado más allá - y más adentro - de sus manifestaciones sociales. El corazón humano ha roto la obediencia a Dios para aherrojarse las cadenas de un estado de esclavitud que no es superado a fuerza de plata y poder.

     Los valores espirituales superan en importancia todo valor material, por más necesario que sea para la vida que se desarrolla en esta dimensión de tiempo y espacio. Más aún, el sentido auténtico de los valores que percibimos con nuestro intelecto y alcanzamos con nuestra mirada y tacto, está en los valores invisibles y espirituales que la fe hace accesibles a quienes creen en Dios. Cuando el materialismo, en sus diversas formas, se filtra  en el alma, desde sutiles instrumentos de corrupción, el valor del trabajo - y la misma responsabilidad familiar y social - pierde su significación trascendente.  Ausente Dios de la conciencia personal todo se cierra a la verdadera luz y causa tinieblas y desconcierto en quienes constatan no saber qué hacer con su vida y la de los suyos. El trabajo es un derecho y una obligación. Como derecho de todos la organización de la sociedad debe abrir fuentes dignas que aseguren su satisfacción. Toda política de estado debe establecer como prioridad que no falte el trabajo. La desocupación, habitualmente provocada por malas administraciones y desacertadas opciones económicas, es un mal que requiere ser erradicado aunque suponga el esfuerzo honesto de redistribuir las enormes riquezas de la tierra y de los talentos. Existe un pecado original que sigue expresándose en las relaciones ínter ciudadanas que aún mantiene vigencia aunque el bautismo de la mayoría lo haya sacramentalmente absuelto. Me refiero al persistente egoísmo, encaramado en el poder, en la nueva cultura y en la educación.

     Es preciso convertirse a la relación fraterna, a la justicia bien administrada, al poder que no discrimine, al respeto de toda persona; excluyendo, para ello, la maledicencia, la calumnia, la campaña sucia y la complicidad del silencio ante el delito y la corrupción. El trabajo, dignificado por el ser humano que lo realiza, es una respuesta que trasciende a los eventuales responsables de la política y de la economía. El trabajo como respuesta humana toca a Dios, Supremo Creador y Señor de la historia. Él es su justo Juez, sabe recompensar el bien obrar y sancionar a quienes han obrado mal (y no se arrepienten). Ante algunos incidentes violentos - y la impunidad de sus protagonistas - la humilde gente afectada deriva su causa desatendida a una justicia superior, la de Dios. A los humildes les queda Dios. Los poderosos, en quienes han depositado su confianza, son frágiles y proclives a la traición. Dios no falla nunca. Tiene su estilo propio y peculiar escala de valores; siempre responde otorgándonos el bien que necesitamos, no el que creemos necesitar. La comandancia ideológica que pretende dominarlo todo atenta contra la revelación que Dios hace del hombre en la semblanza conmovedora de Cristo. En resumen, Cristo es el Hombre que Dios quiere de los hombres.

     Nuestra respuesta evangélica a los graves trastornos causados por la injusta distribución de los bienes creados, y su consecuente y persistente pobreza, es la gracia de Jesucristo que cambia el corazón de los responsables. San Cayetano (por ello acudimos a su  Santuario) condensa en  su persona santa lo que aprendió de Jesús. La misteriosa designación de su patronazgo, en la súplica del pan y del trabajo digno, se apoya en valores evangélicos. El santo es el hombre nuevo que debe reordenar todas las cosas según Dios. Nos lo propone la Iglesia como milagroso intercesor y, de manera inseparable, como modelo de un nuevo protagonismo, capaz de recomponer la sociedad y de restablecer la justicia, superando el escándalo de la miseria y de la delincuencia. Esta 21ª Peregrinación de los trabajadores correntinos manifiesta el propósito de lograr, pacíficamente, que se restablezca el bien común a partir de una verdadera conversión al ideal humano presentado por el Evangelio. Constituye una representación más que elocuente del pueblo trabajador de la Nación. La fe cristiana que lo asiste e impulsa es la garantía del logro de un cambio social urgente.

Al compartir el Pan de la Eucaristía afianzamos el propósito de ser un pueblo amalgamado en la Verdad y en la Justicia. De esta manera tendemos puentes entre riberas muy distantes, lamentablemente trazadas por la mezquindad y la corrupción. Que San Cayetano interceda por el hombre correntino y su familia, por sus niños abandonados a la mendicidad de nuestras calles, por los ancianos sin protección, por los jóvenes sin ideales… Que interceda por quienes debiendo restablecer la observancia de la ley y la vigencia del orden democrático se declaran debilitados por las intrigas palaciegas y el freno de las ideologías sin Dios. Que la fe predicada por San Cayetano produzca, entre los hijos de este pueblo, una nueva y definitiva etapa histórica.
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