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miércoles, 07 de enero de 2009
 
 
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La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Carmelo Juan Giaquinta
San Juan Bautista
Aquél que viene detrás de mí es más poderoso que yo
I. Juan Bautista: un hombre referido todo entero a Cristo
1. En la lectura del Evangelio de este segundo domingo de Adviento, siempre campea la figura de Juan el Bautista. Los textos de Mateo, Marcos y Lucas parecieran un calco. Muestran realizada plenamente en Juan la profecía de Isaías: “Una voz proclama: ‘Preparen en el desierto el camino del Señor’” (Is 40,3). Siglos antes, Isaías había visto que Dios encabezaba la vuelta a Jerusalén del pueblo desterrado en Babilonia. Y fue llamado a ser el mensajero que le preparase el camino. Ahora, se trata de Dios que viene a invitar a todos a entrar en su Reino definitivo por medio de su Hijo. Con mayor razón hay que prepararle el camino. Para ser su mensajero aparece Juan: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mt 3,2). 2. En el pasaje tomado hoy de San Mateo (3,1-12), Juan aparece vestido como el profeta Elías. Este era el prototipo de todos los profetas que, en el Antiguo Testamento, desnuda a los falsos dioses. Vestía “con un manto de piel y con un cinturón de cuero ajustado a la cintura” (2 Re 1,8). Lo cual agrega un elemento que destaca la figura de Juan. De Elías se esperaba que volviese, porque falsos dioses siempre aparecen incluso en el corazón de un pueblo que se dice creyente (cf Mal 3,23). En los tiempos de Juan Bautista la religión falsa también abundaba. A ella se refiere cuando dice: “Él quemará la paja en un fuego inextinguible” (Mt 3,12).

3. El mismo Jesús, en el panegírico que hace de Juan Bautista, relaciona los dos elementos mencionados: la profecía del precursor que anuncia la llegada de Dios y la figura de Elías: “¿Qué fueron a ver en el desierto?... ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. El es aquel de quien está escrito: ‘Yo envío a mensajero delante de ti, para prepararte el camino’. Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista… Todos los profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan. Y si ustedes quieren creerme, él es aquel Elías que debe volver” (Mt 11,7.9-10.13-14).

4. Ambas referencias indican que Juan le prepara el camino a alguien muy grande: “Yo los bautizo sólo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo… Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” (v. 11). Considerado en sí mismo, Juan no pasaría de ser un hombre exótico. Pero es un precursor, va delante de Otro, le abre el camino. De allí, su fuerza misteriosa. Por ello él todo entero está referido a ese “que viene detrás de mí” y que “es más poderoso que yo”.

5. Juan es así el modelo de todo cristiano. “Cristiano” no es la designación que se le da a un afiliado a un movimiento religioso iniciado por uno llamado Cristo. Es cristiano de veras sólo quien adhiere de corazón a él.
Juan es también el modelo de todo apóstol. Éste, por definición, es el enviado de otro. En este caso, un Otro con mayúscula. Trae el mensaje que ese Otro le encomienda. No propone una visión sujetiva de la vida. No defiende una causa personal. Es alguien que se identifica totalmente con su mandante. Por ello su dicha consiste en “que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).

II. Juan Bautista nos amonesta a los cristianos de hoy
6. La segunda lectura de este domingo está tomada de la carta a los romanos. En ella el apóstol San Pablo nos enseña que “todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción” (Rom 15,4). Este es un punto en el que insistía en su catequesis: “Todo esto (las peripecias sufridas por los israelitas en el desierto) aconteció simbólicamente para ejemplo nuestro… Todo esto les sucedió simbólicamente, y está escrito para que nos sirviera de lección a los que vivimos en el tiempo final” (1 Co 10,6.11). En este sentido hemos de interpretar también las duras frases que Juan Bautista pronunció “al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo: `Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: `Tenemos por padre a Abraham’” (Mt 3,7-9). Estas frases de Juan Bautista a los judíos de ayer, hemos de escucharlas como dirigidas a nosotros los cristianos de hoy.

7. Con frecuencia los cristianos hacemos una lectura antijudía del Antiguo Testamento: “¡qué duros que eran esos judíos!”, sin que esa lectura haga mella hoy en nuestra dureza. Incluso, lo hacemos con los pasajes del Nuevo Testamento donde los escribas, fariseos y jefes del pueblo aparecen oponiéndose a Jesús. Los leemos como si fuesen anécdotas dolorosas del pasado sin ningún significado para hoy. No prestamos atención a lo que leemos en los Evangelios, ni a los gestos con que lo hacemos.
¿Por qué nos ponemos de pie para escuchar pasajes a veces muy desagradables a nuestra sensibilidad? ¿Por qué al concluir la lectura de los mismos, el diácono o el presbítero dice “Palabra del Señor”? ¿Por qué le respondemos “Gloria a ti, Señor Jesús”? Si fuesen sólo anécdotas de ayer y no “Evangelio” para hoy, no los leeríamos con tanta solemnidad. Nos quedaríamos sentados. O, tal vez, los suprimiríamos. Pero son Palabra de Dios para nosotros hoy. Escuchémosla con humildad.

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