| ¿Quién es peor? |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
En la parábola del hijo prodigo, (Lc. 15:11-32), se relata la actitud de los dos hijos. Por lo general se presta atención al comportamiento del hijo menor que se fue y se ignora la actitud del hijo mayor que se quedó. En realidad el hijo mayor que se quedó nunca conoció a su padre, nunca lo amó de verdad ni se sintió amado por él. Permanecía a su lado por interés o quizás por cobardía, porque no tenía el coraje de irse, el coraje de seguir los impulsos y deseos de su corazón.
El hijo mayor, en su actitud, es peor que el menor que se fue, que hizo su experiencia y regresó arrepentido y humillado. Había crecido y madurado, la vida lo había golpeado y había aprendido, que necesitaba estar con el padre. El interés del hijo mayor era quedarse con toda la herencia que había sobrado, pero no amaba. Estaba lleno de orgullo: “no quiso entrar al banquete”, (Lc. 15:28); estaba carcomido por la envidia: “nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos”, (Lc. 15:29); estaba lleno de rencor y resentimiento: “ese hijo tuyo ha vuelto”, ni lo llama hermano, (Lc. 15:30); era dominado por un espíritu de critica y condena: “después de haber gastado tus bienes con mujeres”, (Lc. 15:30). El no sabía amar. Este es un gran peligro para todos nosotros los cristianos. Podemos estar en la Iglesia, llamarnos cristianos, pero no amar al Padre ni al prójimo. Estamos por miedo al castigo de Dios; estamos por tradición, estamos por algún interés, pero llenos de soberbia, rencor, odio, envidia, somos criticones y chismosos, siempre señalando los defectos de los demás. Burlones y vengativos, despreciamos y rechazamos a los demás. Quizás nunca nos hemos ido pero tampoco nunca estuvimos de verdad, vibrando comprometidos con el corazón lleno de amor por el Padre, por el prójimo y por la vida que Dios nos regala. Ser cristianos sin haber experimentado el amor del Padre, el amor hacia el prójimo y vibrar de entusiasmo por la vida, es una catástrofe y el peor testimonio para los que no creen, nos ven y se escandalizan por la forma de ser de los cristianos. Tibios, calculadores, indiferentes y apáticos, mucho peores que el hijo menor que se fue, pero regresó cambiado. El Señor nos habla en el libro del Apocalipsis y nos llama a la conversión: "Conozco tus obras: aparentemente vives, pero en realidad estás muerto”, (Ap. 3:1) y "Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio, te vomitaré de mi boca”, (Ap. 15-16).
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En la parábola del hijo prodigo, (Lc. 15:11-32), se relata la actitud de los dos hijos. Por lo general se presta atención al comportamiento del hijo menor que se fue y se ignora la actitud del hijo mayor que se quedó. En realidad el hijo mayor que se quedó nunca conoció a su padre, nunca lo amó de verdad ni se sintió amado por él. Permanecía a su lado por interés o quizás por cobardía, porque no tenía el coraje de irse, el coraje de seguir los impulsos y deseos de su corazón.
El hijo mayor, en su actitud, es peor que el menor que se fue, que hizo su experiencia y regresó arrepentido y humillado. Había crecido y madurado, la vida lo había golpeado y había aprendido, que necesitaba estar con el padre. 


