| No Acumular |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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La cuaresma, dice el Papa, es "como un gran retiro espiritual de cuarenta días". La Iglesia nos propone 40 días de silencio, en los cuales nos abstenemos de música, bailes, casamientos, etc., para unirnos más íntimamente con Dios. Todos sabemos lo difícil que es para el hombre de hoy hacer silencio. Hace unos días decidimos visitar una isla en el Paraná buscando silencio, el lugar era muy sugestivo, el lugar invitaba al descanso, pero ¡qué desilusión! Cada grupo de personas que se encontraba en la isla tenía un equipo musical, que llenaba el lugar de música y ruido, rompiendo la armonía y el silencio, que tanto buscábamos. El hombre de hoy no sabe estar en silencio, teme al silencio porque teme encontrarse con su soledad interior que necesita llenarse de Dios. El evangelio para el inicio de la cuaresma (Mt. 6:14-21), nos invita a perdonar, ayunar y no acumular. San Juan Crisóstomo decía que toda la ropa que sobra en nuestros roperos es de los pobres, somos ladrones al retenerla, mientras otros la necesitan. Acumulamos sin necesidad real, sólo por temor a que nos falte algún día. Es una herida causada por la pobreza de nuestros padres o antepasados, que sufrieron la guerra, persecución o el Holodomor de los años 1932-33, en el cual murieron de hambre diez millones de ucranianos. Mis padres trajeron de Ucrania un baúl, allí mi madre guardaba todos los retazos de tela, botones, elásticos o lo que fuere, diciendo algún día lo necesitaremos, por lo general ese día nunca llegaba, pero seguía guardando. También podemos tener odios, rencores, resentimientos no perdonados, no sanados que acumulados causan estragos. También pueden ser enojos no comunicados, reprimidos. Enojos acumulados que causan mucho daño al cuerpo y al alma. Enojos con las personas que convivimos o relacionamos: familiares, padres, hijos, amigos, esposo/a, sacerdote, obispo, etc… Si no tenemos un momento de intimidad para compartir y comunicar con calma nuestros enojos cotidianos, estos se acumulan y eventualmente destruyen las relaciones. Nunca debemos presumir que la otra persona sabe cómo nos sentimos y qué nos molesta. Es necesario comunicar. Con frecuencia los padres se enojan pero, reprimen los sentimientos. Se enojan con sus hijos porque no los visitan, no los ayudan, son vividores, ingratos o viven contrariamente a la fe de sus padres. La esposa se enoja con su esposo pero se calla: se enoja porque su marido no es cariñoso, demostrativo, afectivo, no la acaricia, es más bien frío y distante. Cuando tienen relaciones sexuales, él termina muy pronto (con una eyaculación precoz); fuma y bebe en exceso; ronca por las noches, no es aseado, escucha fútbol en lugar de hablar con ella; no le gusta bailar ni salir a pasear; no le gusta el trabajo y es “timbero”, se pasa jugando truco con sus amigos dejándola de lado; llega tarde; deja la ropa tirada por toda la casa; come con exceso y es muy gordo y panzón – pero no le dice nada para que no lo tome a mal. El marido por su parte se enoja con su esposa porque es desordenada, cocina mal, no limpia la casa, no se arregla, siempre con los ruleros puestos y además fuma; es mandona y chillona; gasta demasiado; se pasa el día mirando novelas en la tele; no cuida a los niños; es celosa y revisa todo buscando rouge o cabellos rubios; pasa el tiempo charlando con las vecinas; deja los platos amontonados en la pileta y no los lava; engordó demasiado y ya no es atractiva como antes, etc. Estos son sólo algunos ejemplos, de los enojos que pueden ser innumerables y si no se comunican, no se comparten, eventualmente causarán mucho daño, destruyendo el matrimonio o la convivencia familiar. Es recomendable tener un espacio determinado, un horario durante el día o la semana, para comunicar los enojos y sentimientos, lógicamente con calma y caridad, no con ira y reproche, Y a su vez requiere la capacidad y madurez para escuchar al otro cuando expresa sus enojos. Quizás éste podría ser uno de los programas para la cuaresma, que a la larga mejoraría la convivencia en las familias. La familia es atacada ferozmente desde el exterior y si no se afianza en una convivencia de profundo amor, diálogo, oración y comunicación recíproca, se le hace difícil sobrellevar y resistir los dardos que son lanzados contra esta base, célula de la sociedad. Si la familia está bien, sana y vigorosa espiritualmente, la provincia, el país y el mundo mejoraría. A todos deseo abundantes bendiciones y una provechosa cuaresma.
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