| Dios puso un cerco alrededor nuestro |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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Toda la Gran Cuaresma esta orientada a ayudarnos a seguir más fielmente a Cristo, por eso realizamos abstinencias, penitencias y ayunos. En el seguimiento de Cristo nos encontramos con la cruz, como ingrediente inevitable de la vida cristiana y con el gran obstáculo, el opositor, el demonio, quien trata por todos los medios, que no sigamos a Cristo sino a él, que no adoremos a Cristo sino a él. Para lograr su objetivo se vale de su astucia, engaños, mentiras y promesas ilusorias.
Esto lo podemos comprobar al leer sobre la cuaresma de Cristo en el desierto. También Jesús tuvo que enfrentarse con el opositor, quien lo tentó con la gula, el poder y las riquezas. Pretendía que Jesús se postre y lo adore a cambio de los esplendores de los reinos del mundo: “El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme", (Mt. 4:8-9). Muchos cristianos caen en su trampa, abandonan a Dios y siguen y adoran al demonio a cambio de poder y dinero mal habido, fruto de la corrupción, venta de drogas, prostitución, etc. En su vida el cristiano, que desea seguir con fidelidad a Cristo, se encuentra inevitablemente con el Adversario. Pero el maligno no tiene acceso ni poder sobre nosotros si no le abrimos la puerta y resistimos con la oración, el ayuno y penitencias y Muchos cristianos temen los maleficios de los brujos, curanderos y espiritistas, viviendo ansiosos e inseguros. Es necesario recordar que el demonio no puede causarnos ningún daño, porque Dios no se lo permite. Dios nos marcó con su sello y le pertenecemos. Somos sus hijos y Él nuestro Padre. El demonio pide permiso a Dios para golpearnos. Como en el caso de Job, quizás el relato más enigmático de la Biblia, que echa luz sobre el sufrimiento de los justos. El demonio se queja a Dios por poner un cerco alrededor de Job y de sus bienes y por bendecirlo: “El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá". Entonces el Señor le dijo: "¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal". Pero el Adversario le respondió: "¡No por nada teme Job al Señor! ¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país. Pero extiende tu mano y tócalo en lo que posee: ¡seguro que te maldecirá en la cara!". El Señor dijo al Adversario: "Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él". Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor.”, (Job. 1:6-12). Dios le da permiso al demonio para atacar a Job y probar su fidelidad, pero sólo en sus bienes y en su salud, pero le prohíbe tocar su vida. El demonio también pidió permiso para atacar a los Apóstoles: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo”, (Lc. 22:31). Y San Pedro, nuestro primer Papa, nos enseña: “Sean sobrios y estén siempre alerta, porque su enemigo, el demonio, ronda como un león rugiente, buscando a quién devorar.”, (1Ped. 5:8) Dios es nuestro protector, su amor es eterno, Él construyó un cerco protector alrededor nuestro con la sangre de Cristo, el Cordero de Dios, como en Egipto, el exterminador no ingresaba en las casas cuyas puertas estaban marcadas con la sangre del cordero: “marquen con la sangre el dintel y los dos postes de las puertas (…) Porque el Señor pasará para castigar a Egipto; pero al ver la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará de largo por aquella puerta, y no permitirá que el Exterminador entre en sus casas para castigarlos”, (Ex. 12:22-23). Todos los maleficios y trabajos satánicos que puedan realizar contra nosotros no tienen el pretendido efecto, porque Dios construyó un cerco y nos protege. No debemos vivir llenos de temores y angustias, sino confiados en la protección de Dios: “El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los hombres?, (Heb.13:6); “Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza.”, (Sal. 23:4). Pero si no estamos íntimamente unidos a Dios en la oración, confesión y comunión eucarística frecuente, si no participamos de la Divina Liturgia dominical, Dios puede conceder permiso al demonio para golpearnos, como a Job, para sacar un bien mayor, para sanar nuestra soberbia y orgullo y así poder salvarnos: “Dios se opone a los orgullosos y da su ayuda a los humildes”, (1Ped. 5:5). Aprovechemos esta cuaresma para purificarnos de los pecados, deshacernos de la tibieza e indiferencia, para seguir con más fidelidad a Cristo, que nos protege con su sangre y le impide al Maligno acercarse a nosotros. Pidamos que no retire el cerco protector alrededor nuestro, porque sólo a Él queremos seguir, postrarnos y adorar.
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