| El secreto para vivir felices es confiar en Dios |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Dr. Jose Hazuda | |||||
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La Palabra de Dios hace referencia al ojo enfermo: “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si el ojo está sano, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si el ojo está enfermo, todo el cuerpo estará en tinieblas. Si la luz que hay en ti se oscurece, ¡cuánta oscuridad habrá!”, (Mt. 6:22-23). El ojo simboliza toda la orientación de nuestra vida, que puede ser hacia Dios o hacia las cosas materiales, dando la espalda a Dios. El ojo sano es la total confianza en Dios y el ojo enfermo es poner el énfasis en las cosas materiales, dando la espalda a Dios. El ojo enfermo no ve a Dios ni confía en El, sólo desea lo que en realidad no necesita. Así se habla del ojo envidioso, maligno, lujurioso, etc. y en la tradición popular entremezclada con superstición, se expresa esta realidad con el término “mal de ojo” u “ojeo”. Si observamos a los pájaros y a los animales, constatamos que comen lo que necesitan y el sobrante abandonan, sin cargar en bolsas ni freezers. No guardan, no acumulan, no viven preocupados por la ropa o por el techo. Nada les falta, viven felices y despreocupados, porque Dios les provee todo lo que necesitan. Dios en su Palabra los pone como ejemplo para que los imitemos: “Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?”, (Mt. 6:26). Nos alienta a no inquietarnos y vivir ansiosos: “Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir”, (Mt. 6:25). Todo esta en las manos de Dios, nuestra vida, las cosas y el destino del mundo: “¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos”, (Mt. 10:29-30). Pero Dios, quien nos ama infinitamente, respeta nuestra libertad. Si no queremos aceptarlo, reconocer su soberanía sobre nosotros, El simplemente se retira y espera hasta que le abramos el corazón: “Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón…como no se preocuparon por reconocer a Dios, los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe”, (Rom. 1:24,28) Nada sucede sin el consentimiento de Dios, y todo tiene una razón de ser, como dice el refrán popular: “No hay mal que por bien no venga” y lo confirma la Palabra de Dios: “Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman”, (Rom. 8:28). Permítanme compartir la siguiente historia para ilustrar en qué consiste la total confianza en la providencia de Dios: “Un anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día, el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del labrador le dijeron que mala suerte tenía por perder el caballo, el les replicó: ¿Buena Suerte?, ¿Mala Suerte? ¿Quién Sabe? Una semana después el caballo regresó trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces sus vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte y este les respondió: ¿Buena Suerte?, ¿Mala Suerte? ¿Quien Sabe? Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, se cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: ¿Buena Suerte?, ¿Mala Suerte? ¿Quién Sabe? Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota, lo dejaron tranquilo”. Todas las cosas suceden para el bien de los que aman a Dios. El atentado del 11 de septiembre a las torres gemelas fue una catástrofe, pero muchas personas se salvaron, porque a causa de algún contratiempo no pudieron llegar a horario a su trabajo: *Al director de una compañía se le hizo tarde porque era el primer día de jardín de su hijito y lo tuvo que acompañar. *Otro estaba vivo porque ese día le tocaba llevar las facturas para el café de la mañana. *Una mujer se retrasó porque su despertador no sonó. *A uno se le hizo tarde porque se quedó atrapado en el tráfico de la autopista a causa de un accidente. *Otro perdió el autobús. *A un papá su hijito le manchó la camisa con comida y tuvo que cambiarse de ropa. *Otro llegó tarde porque su auto no arrancó esa mañana. *Una mujer llegó tarde porque regresó a su casa para contestar el teléfono. *Otro no consiguió un taxi. *El más simpático es el señor que se puso un par de zapatos nuevos esa mañana, pero antes de llegar al trabajo le habían salido callos en los pies y se detuvo en la farmacia para comprar una curita…. Sabemos que todas las cosas suceden para el bien de los que aman a Dios. En la práctica de la vida cotidiana nos cuesta mucho aceptar las cosas como vienen. Nos enojamos y nos rebelamos contra Dios y el prójimo, porque las cosas no son como nos gustaría que fuesen. Por este motivo en lugar de vivir felices, tranquilos, en paz y armonía, disfrutando de la vida momento a momento, vivimos ansiosos, nerviosos, perturbados, enojados y frustrados, envenenamos el ambiente familiar y laboral, porque no confiamos y no le permitimos a Dios reinar como soberano absoluto, no le permitimos gobernar nuestra vida según su designio. Pretendemos manipular todo en lugar de permitir que las cosas fluyan, confiando y dejando en las manos de Dios, porque todas las cosas se dan para el bien de los que aman a Dios.
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