| Carta pastoral en el domingo de Pascua |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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¡Cuánto deseo compartir la alegría profunda de la celebración de la Pascua! La necesidad de expresar que es indispensable pasar de la alegría causada “solamente” por los adornos de la fiesta, de la ambientación, la rosca o el conejo de chocolate pascual a una experiencia de fe personal y comunitaria del encuentro con la persona de Jesucristo, el que murió y resucitó. Este fue el gozo que experimentaron los Apóstoles y que nos relata San Juan: “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto les mostró las manos y el costado. Los discípulos “se alegraron” de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La Paz esté con ustedes”, como el Padre me envió, también yo los envío” (Jn. 20,19-21). La Pascua que hoy celebramos nos alegra en lo profundo del corazón por este encuentro con Jesucristo, Resucitado y como nos señala el relato bíblico, inmediatamente nos envía a testimoniar esta “buena noticia”. En este encuentro pascual encontramos el núcleo del camino que estamos realizando en nuestra Diócesis para celebrar nuestro año jubilar en el 2007 al cumplir los 50 años y celebrar nuestro primer Sínodo Diocesano. Este encuentro pascual con Jesucristo resucitado nos lleva a transitar este camino de conversión a Él, de comunión eclesial, para evangelizar, o bien testimoniar que a pesar de convivir con tantos signos de dolor y muerte, tenemos la certeza de la esperanza, porque ¡Cristo Resucitó! Al compartir estas líneas debo señalar que este camino del Sínodo, es una oportunidad para que muchos cristianos y nuestras comunidades, renueven la fe pasando de una fe muchas veces sostenida solo por algunas costumbres religiosas, a un encuentro con Aquel en quien creemos y que nos permite tener el gozo de sabernos sus discípulos. En la temática del Sínodo aparece en primera instancia la necesidad de “formación integral” que tenemos los cristianos y la importancia de buscar nuevas estrategias, para comunicar el gozo de la buena noticia que hemos conocido. El documento de trabajo, preparatorio hacia la V Conferencia del Episcopado latinoamericano y del Caribe que se realizará en mayo de 2007 en Aparecida (Brasil), nos dice al respecto: “El encuentro con Jesucristo es la raíz, la fuente y la cumbre de la vida de la Iglesia y el fundamento del discipulado y de la misión. La Iglesia vive por ese encuentro y es la razón más profunda de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra caridad. Con razón dice San Pablo: “Todo lo considero pérdida al lado de la experiencia superior de haber conocido a Cristo, Jesús, mi Señor” (Flp. 3,8). Cristo será siempre “la verdadera novedad que supera todas las expectativas de la humanidad”. Por el encuentro con Él, los seres humanos sabemos quienes somos, de donde venimos y hacia donde vamos. Y por eso, el mejor servicio que podemos hacer al mundo contemporáneo es dar testimonio de Él y “anunciarlo vivo, resucitado y presente”, y que con su Espíritu dirige la historia hacia el cumplimiento de sus promesas” (39-40). Este gozo pascual que debemos experimentar, tanto personalmente como en comunidad eclesial, en este inicio de siglo no parte de la nada. Hubo en nuestras tierras testigos de Jesucristo resucitado durante varios siglos en nuestra tierra colorada y en nuestro continente y es bueno hacer memoria. También nos señala dicho documento de trabajo: “Nuestro radical substrato católico con sus vitales formas vigentes de religiosidad, fue establecido y dinamizado por una basta legión misionera de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. Está ante todo la labor de nuestros santos, como Toribio de Mogrobejo, Rosa de Lima, Martín de Porres, Pedro Claver, Roque González y otros... quienes nos enseñan que, superando las debilidades y cobardías de los hombres que los rodeaban y a veces los perseguían, el Evangelio, en su plenitud de gracia y amor, se vivió y se puede vivir en América Latina como signo de grandeza espiritual y verdad divina” (24). Como en nuestro pasado, hoy también la celebración de la Pascua nos renueva en la esperanza. Como los Apóstoles en el texto del Evangelio de este domingo, como tantos santos, mártires, hombres y mujeres en nuestra historia, nosotros también necesitamos encontrarnos con “Cristo Resucitado”, para ser signos de esperanza y transformación en nuestro tiempo. ¡Les envío un saludo cercano y Feliz Pascua!
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