| La democracia en Misiones (2) |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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En el Evangelio de este domingo (Jn. 6,41-51) nos encontramos con afirmaciones fuertes hechas por el Señor. Muchos contemporáneos tergiversaban o no entendían su mensaje. Algunos se escandalizaban de sus palabras: “Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: “Yo soy el pan bajado del cielo”. Y decían: ¿no es este Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre conocemos?... Discutían entre sí y decían: ¿Cómo puede éste darnos de comer su carne?...” Es cierto que para entenderlo a Jesús necesitaban abrir sus oídos y más aún, sus corazones con fe. En estos domingos he querido reflexionar sobre nuestra democracia en Misiones. Reitero la necesidad indispensable que tenemos los cristianos de asumir una fe que no sea solo algo intimista o individualista, sino que “implique la impostergable necesidad de participar activamente en la construcción del bien común” (N.M.A. 97,c). La fe debe implicar nuestro compromiso ciudadano para consolidar la calidad de nuestra democracia. Como Obispo y pastor debo en esta catequesis dominical iluminar algunos conceptos y también errores, que pueden confundir a los cristianos y a nuestra gente que escucha y lee de buena fe. Cuando algunos dicen “la Iglesia no debe meterse en política”, debemos tener conciencia que esta frase es errónea. Por un lado, porque el laicado es parte de la Iglesia y es fundamental que los laicos por su vocación se interesen por la política y si es posible participen en partidos políticos o posiciones sectorizadas, que expresen la diversidad de pensamiento, en orden a ocupar cargos públicos. Todos, incluido los sacerdotes y pastores, como bautizados debemos preocuparnos por el bien común. Encarnar el Evangelio en el mundo del arte, de la política, de la economía, lo social. El compromiso con la política “en este sentido amplio” del bien común ligado a la ética social y ciudadanía, no necesariamente partidista, es responsabilidad ineludible de todo ciudadano. La fe solo ritual, no es cristiana y sería una religiosidad “alienante”. Lamentablemente muchos dirigentes fomentan este tipo de “religiosidad desencarnada”, que no cuestiona las irregularidades de la vida pública. Esto ha pasado en muchos regímenes que han buscado crear “su propia iglesia”, más adicta al Estado, que a Dios. En la Biblia a estos les llamaban “falsos profetas”. También creo importante aclarar que las elecciones del 29 de octubre no son para ocupar cargos en orden a la tarea pública (gobernador, diputados, intendentes...), ni tampoco son para plebiscitar una gestión de gobierno. Estas “elecciones constituyentes” se refieren estrictamente a definir qué democracia queremos para la provincia de Misiones. Aquí no se votará en favor o en contra de una gestión. Centrar la discusión en la aprobación o desaprobación de la gestión, sería un error o un engaño grave. El debate es discutir cuales son los beneficios o perjuicios que trae para la democracia el que cambiemos en nuestra “Carta Magna”, la actual alternancia en dos períodos institucionales, por la posibilidad de la reelección indefinida. En la provincia de Santa Fe en donde he sido obispo de Reconquista por siete años, solo era posible un período en la alternancia. Cuando llegué estaba el Gobernador Reutemann, después lo sucedió Obeid, posteriormente fue nuevamente elegido Reutemann y actualmente sigue como gobernador Obeid. Nunca, ninguno de ellos intentó cambiar la constitución a pesar de tener consenso alto por su gestión. Si los volvieron a elegir debemos suponer que fue porque la gente aprobó su gestión de gobierno, pero entiendo que cuidaron seriamente de no dañar la calidad democrática en nombre de los beneficios de su gestión..., y eso seguramente los hizo más creíbles. Finalmente quiero señalar que se quede tranquilo el periodista anónimo de las “noticias” gratuitas y oficiales, porque nunca en estos 27 años de sacerdote y obispo he formado parte de ninguna estrategia ligada al poder. En estas reflexiones “sobre la democracia en Misiones” pretendo servir al bien común de este pueblo de Dios que el Señor me encomendó como sucesor de los Apóstoles y Pastor. No temo a los que, por querer “pensar y servir”, inventen, busquen dañar o castigar. A estos personajes que lamentablemente nunca faltan, les quiero recordar que quizá logren eludir la justicia humana pero todos tendremos que dar cuenta ante la justicia de Dios. El pensar y servir, seguramente mejorará nuestra calidad democrática. ¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
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