| Cuidar nuestra Carta Magna nos permitirá vivir y mejorar nuestra calidad democrática |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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En estos domingos hemos reflexionado sobre nuestra democracia en Misiones, como un aporte que ayude a “pensar y servir” sobre la calidad de nuestra vida democrática. Señalaba en una de las cartas anteriores que la sociedad o la misma comunidad humana se empobrece si no se respeta la diversidad de pensamiento y se busca una especie de alienamiento uniforme. Es cierto, lamentablemente, que nuestra historia patria ha estado marcada por haber recurrido excesivamente a personalismos, o sea situaciones donde le entregamos el futuro a una sola persona. Esto ha dificultado la vida democrática de las instituciones, a veces la misma división de poderes y por lo tanto, por esta concentración de poder, no se generó suficientemente proyectos participativos que fomenten la responsabilidad ciudadana. Un ejemplo de esto es el debilitamiento parlamentario que se da cuando hay exceso del uso de la obediencia partidaria, sectorial o a una persona. En todo caso “la obediencia partidaria”, si es que tiene alguna licitud, solo se comprendería ligada “al ideario” de un partido o proyecto, sin violentar la conciencia del legislador o funcionario. Lamentablemente, en general al no existir proyectos con idearios, sino solo pragmáticos, “la obediencia debida” provoca la reducción o anulación de la participación real de dichos dirigentes, y han sido muchas veces la causa del empobrecimiento de “la inteligencia” en las estructuras del estado.
En estas reflexiones dominicales, he evitado intencionalmente, no realizar ningún análisis sobre aspectos coyunturales que impliquen evaluar personas, ni gestiones. Pero el caso del cambio de un artículo de la Constitución o “Carta Magna” provincial no es un tema coyuntural. La Constitución está para garantizar el sistema democrático en la variedad de las circunstancias que vive una sociedad. Es indispensable advertir que no puede ocurrir lo contrario, o sea, que la Constitución se cambie en función de una circunstancia o bien de una gestión y menos en beneficio de alguna persona. El cuidar nuestra Carta Magna nos permitirá “a todos”, vivir y mejorar nuestra calidad democrática en Misiones. En este domingo quiero hacer una especial referencia a un acontecimiento que viviremos en nuestra Diócesis. Nos reuniremos con más de 2000 catequistas en “el encuentro anual”, que se realiza todos los años y este año tendrá a Posadas como sede. Al mismo concurrirán catequistas provenientes de las distintas comunidades de las Parroquias. Con ellos podré reflexionar sobre el tema de la carta pastoral de cuaresma: “La conversión a la comunión eclesial, en el Camino del Sínodo”. La comunión eclesial será clave para la tarea evangelizadora de la Iglesia en los próximos años. La actual preparación al Sínodo es un momento de comunión. Los más de 600 grupos sinodales que están trabajando, rezando, reflexionando sobre los temas que serán llevados al Sínodo en el 2007, nos permitirán tener una mayor comprensión de nuestra pertenencia a la Iglesia Diocesana y ahondar en la necesidad de sabernos responsables de asumir los desafíos pastorales para los próximos años. Aquí quiero recordar que es indispensable para todos, especialmente los catequistas que su espiritualidad debe fundamentarse en la eclesiología de comunión. Este es un rasgo esencial que merece nuestra permanente reflexión. Jesucristo, el Señor fundó la Iglesia así, en la comunión de amor como condición de credibilidad para evangelizar. También en la comunión de Fe, en el Magisterio, los Sacramentos y en la organización apostólica. Esta comunión convive con la pluralidad de dones que suscita el Espíritu y la enriquece. Por lo tanto la comunión no uniforma. El Concilio Vaticano II, profundizó en la comprensión de lo que es la Iglesia Diocesana, la Parroquia y la necesidad de que la Pastoral sea orgánica. De tal manera que ninguna tarea o ministerio se pueda entender como algo privado. No es una misión que Dios da directamente al catequista (o bien a cualquier ministro), sino que toda misión la ejercemos en “la relacionalidad” de la Iglesia. No dudo en señalar que la comunión de los cristianos y catequistas, en la diversidad de dones servirá para mejorar en nuestras comunidades y en la sociedad las tantas divisiones nacidas del egoísmo y la ambición.¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
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