| Evangelizar la búsqueda de Dios |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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El domingo anterior hemos compartido el encuentro diocesano de catequesis, en el cual con más de dos mil catequistas profundizamos en la necesidad de acrecentar la comunión y formación, para poder dar respuestas adecuadas a nuestro tiempo y cultura. Esta necesidad de asumir un camino de formación y discipulado de la persona de Jesús está planteado, tanto como tema de la V Conferencia de los Obispos de América Latina, que se realizará en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, como también fue elegido para nuestro Sínodo diocesano a realizarse el año que viene. Quiero resaltar que preparando dicho Sínodo, actualmente están trabajando en este tema de la formación, los más de 600 grupos sinodales en nuestras comunidades. Como observación necesaria tenemos que afirmar que nuestro pueblo realmente tiene una gran religiosidad, pero que no siempre es cristiana, y por lo tanto debemos buscar caminos para evangelizarla. En el documento de la Conferencia Episcopal Argentina, “Navega mar adentro”, se señala la necesidad de evangelizar “la búsqueda de Dios”. Si bien “el secularismo actual concibe la vida humana, personal y social, al margen de Dios y se constata incluso una creciente indiferencia religiosa. No obstante se percibe una difusa exigencia de espiritualidad que requiere canales adecuados para promover el auténtico encuentro con Dios” (29). El texto del Evangelio de este domingo (Jn. 6,60-69), puede ayudarnos a entender que no todos los caminos promueven un auténtico encuentro con Dios. Es más, a muchos les cuesta comprender la fe que Jesucristo nos enseña. El texto de San Juan, capítulo seis, se sitúa al final de una larga enseñanza del Señor sobre el pan de vida: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo” (51). Esto escandalizó a muchos de sus discípulos que lo abandonaron porque decían “esta doctrina es inadmisible”. Jesús les preguntó a “los doce”, ustedes también me van a abandonar y Pedro tomando la iniciativa, le dijo a Jesús: “Señor ¿a quién iremos? Tus tienes palabras de vida eterna...” (69). Todos debemos sentir la necesidad de asumir este camino de discipulado o de formación permanente. Debemos agradecer que nuestra gente tenga una fuerte religiosidad y deseos de búsqueda de Dios. Pero es cierto que la religiosidad si no asume un camino de maduración en la fe puede quedar anclada en meras devociones, acciones rituales vaciadas de compromisos con la vida y hasta el riesgo de generar desequilibrios afectivos y sicológicos. La fe que nos enseña Cristo, como nos lo dice el texto bíblico de este domingo es una enseñanza y un camino exigente. La fe para los cristianos está ligada al misterio de la Encarnación y de la Pascua. Entre las tantas propuestas religiosas podemos percibir que no son un camino adecuado para un auténtico encuentro con Dios, ofertas que proclaman una mágica intervención de lo alto que supuestamente hace prosperar rápidamente y que eliminan el sentido redentor del sufrimiento e incluso de las enfermedades. Los cristianos creemos que Dios puede realizar milagros, pero estas propuestas que hacen proselitismo consumista, con ofertas de sanaciones múltiples, revelaciones individuales y todo casi exclusivamente ligado a hechos extraordinarios y no a la vida cotidiana, poco o nada tienen que ver con el llamado que Jesucristo, el Señor, hace a sus discípulos, de tomar la cruz de cada día, o sea de asumir los sufrimientos y exigencias propuestas en la Palabra de Dios y enseñada por la Iglesia. La maduración en la fe nos enseña a actuar con responsabilidad con ese don de Dios y buscar caminos para formarnos, a orar, a asumir valores, como la justicia, la libertad, la paz, la solidaridad... Sobre todo a vivir el misterio de la Pascua y la fe eclesial, de tal manera que tengamos una espiritualidad que nos permita ser cristianos en la vida cotidiana. Es importante recordar que la fe que no se “encarna” en la vida, termina siendo una religiosidad vacía y superficial. Lamentablemente estas formas de religiosidad terminan siendo la antesala del secularismo, o provocando la indiferencia de la fe. El texto bíblico de este domingo nos dice que muchos discípulos al escuchar el mensaje de Jesucristo, decidieron abandonarlo, porque “su doctrina era inadmisible”. Nuestro tiempo cargado de dificultades necesita hombres y mujeres con una fe en Dios que lleve a generar valores que construyan una sociedad más sólida. ¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
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