| La santidad también pasa por el compromiso ciudadano |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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En este domingo quiero seguir ahondando sobre el tema de la democracia en nuestra Provincia, en referencia a las próximas elecciones del 29 de octubre. En primer lugar quiero señalar que este tiempo es una oportunidad para salir de una fe individualista, y encaminarnos a una comprensión más profunda sobre la necesidad que el “don de la fe” debemos vivirlo comprometidamente con la vida, la familia, la sociedad, el bien común y los distintos valores que lleven a transformar las realidades de nuestro tiempo humanizando y evangelizando nuestra cultura. La santidad también pasa necesariamente por nuestro compromiso ciudadano. Hace algunos domingos he señalado la importancia de no perder de vista cual es la discusión y el núcleo que se debate en las próximas elecciones del 29 de octubre. No votaremos si es buena o mala una gestión. Esto sería un error grave. El tema a votar es que tipo de democracia queremos para nuestra Provincia de Misiones. La actual alternancia en dos períodos vigentes en nuestra Carta Magna, o reformarla y abrir la posibilidad que un gobernador pueda ser reelegido indefinidamente. Mirando propagandas debo señalar que lamentablemente aquellos que promueven “la reelección indefinida”, oscurecen la verdad de la discusión al insistir en que esto es una especie de plebiscito al actual gobierno. Esta elección no es un si o un no a alguien. En esta reflexión sobre la democracia en Misiones quiero avanzar sobre el error de insistir que una persona es “imprescindible y única”, para que una gestión o proyecto funcione. Un proyecto o gestión que depende exclusivamente de una persona adolece lamentablemente de “personalismo” y no es suficientemente democrático. Todo proyecto válido implica que esté acompañado no por uno, sino por un equipo de gente apta para llevar y continuar “la posta”. El futuro de un país o de una provincia en manos de una persona considerada “imprescindible”, debilita el sistema democrático, que requiere que la calidad de los dirigentes, permita distribuir el poder en diferentes ángulos de la sociedad, para colaborar mutuamente desde la diversidad de pensamiento, desde la división de los poderes y desde la alternancia periódica en la conducción, y no desde la dependencia a una persona supuestamente imprescindible. Todos debemos recordar que ninguno somos imprescindibles. Hace algunos años fui a hacer un retiro espiritual a un Monasterio en el Paraguay. Era rector del seminario y estaba cansado y necesitado de rezar más. El P. Pedro, un monje amigo me indicó que necesitaba hacer un descanso más largo. Yo le dije que no podía por mis responsabilidades. Siempre recuerdo su sabia respuesta, típica de un monje. Él me dijo: “mirá Juan, el cementerio está lleno de imprescindibles”. Sabemos que en general la tendencia habitual ha sido que el que se constituye en el poder busca concentrar y subordinar las estructuras del Estado y los otros poderes, con el justificativo de facilitar la propia gestión. De esta manera van subordinando cooperativas, sindicatos, centros barriales, culturales, ONG… todo. “Y todo” se va haciendo dependiente del gobierno de turno. En este sentido las elecciones, con la presión de la dependencia y el temor, desdibuja la necesaria libertad del voto. Hay que señalar que lamentablemente este no es un problema exclusivo de ahora. Pero el poder de turno se va consolidando no solo con las obras públicas que hace, sino por las estrategias de poder, dependencia y miedos que genera. En este sentido la alternancia en dos períodos es un límite necesario para cualquier gobernante, considerando los malos hábitos en que incurren muchos de nuestros dirigentes. Es una especie de “eterno retorno” de la vieja política. El criterio de considerar que “si no sos oficialista, sos enemigo”, fue generando la obsecuencia en el poder y desechando inteligencia, capacidad y ética, en orden a construir una democracia más participativa y republicana. Estos sistemas terminan plebiscitando a su líder (Stroessner, Juárez, Castro…), contando con todo el aparato de estado a su favor. Son democracias plebiscitarias, pero no republicanas y participativas. En fin, el 29 de octubre esto es lo que se pone en juego. ¿Queremos para Misiones una democracia republicana o queremos plebiscitar a un gobernante periódicamente? Con este contexto “la alternancia vigente” de nuestra Carta Magna cuida las instituciones republicanas. ¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
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