| No sacar el cuero |
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| La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Juan Rubén Martínez | |||||
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El Evangelio que leemos este domingo (Lc.6,27-38), nos presenta al Señor enseñando a sus discípulos sobre el amor a los enemigos: “Pero yo les digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra…” (Lc.6,28-29 a). El próximo miércoles 21 iniciaremos la Cuaresma, es “el miércoles de ceniza”. La enseñanza de Jesús del amor a los enemigos y el poner la otra mejilla, nos ubica en la comprensión que el camino que nos propone el Señor para ser sus discípulos es exigente. Nos gusta escuchar estos textos, pero en general nos cuesta integrarlos a nuestra vida cotidiana. ¿Cuántos son los que realmente practican estas enseñanzas? Los códigos que habitualmente se manejan están ligados a las complejidades afectivas que se expresan en enojos, reacciones en nuestra manera de relacionarnos que se parecen mucho más “al ojo por ojo y diente por diente”, que a la reconciliación, al perdón o bien la búsqueda de corregir fraternalmente al otro. Lo habitual no es amar o rezar por nuestros enemigos o aquellos que nos cuestan, sino dañarlos con nuestras críticas o comentarios. Lamentablemente por cierta cobardía o inseguridad, no ejercemos una herramienta constructiva y maravillosa que es “la corrección fraterna”. Corregir con caridad a un hermano, amigo o a alguien que anda por mal camino, es siempre fruto del amor y poner en práctica esta enseñanza evangélica puede tener inmediatas consecuencias sociales. Por el contrario la práctica habitual es “sacar el cuero”, sin reparar en el daño que podemos estar haciendo a una persona, y el mal ambiente que generamos por este tipo de comentarios. “Sacar el cuero”, sin haber corregido fraternalmente a solas a alguien, habitualmente nos lleva a cometer un pecado denominado “difamación”. Empeoramos la cosa cuando “sacamos el cuero” y estamos mintiendo o suponiendo algo de un tercero y éste es inocente. En este caso el pecado se llama “calumnia”. En el primer caso la difamación, es quitar la fama a alguien, sin haberlo ayudado a cambiar. La calumnia es un pecado más grave aún porque quita la fama del otro injustamente, sin que el otro tenga culpa alguna. Lamentablemente debemos reconocer que esta práctica de “sacar el cuero”, exactamente contraria a la enseñanza de Jesús de amar a los enemigos y poner la otra mejilla, está muy instalada culturalmente en nuestra sociedad como algo normal. Este mal bastante popularizado y no corregido cristianamente, ayuda que algún sector del periodismo tenga cierto rating y use como metodología la mentira, la calumnia o bien tenga un total desinterés por “la verdad”. Este año por ser un año electoral se presentará seguramente difícil. En general las estrategias de campaña se fundamentan más en “sacar el cuero” o dañarse, que en las propuestas o propagandas de los que se presentan como candidatos. Es cierto que esto es lo habitual, pero también es cierto que si los programas mediáticos sensacionalistas existen, o la vieja política que se fundamenta en la calumnia o difamación continúan, es porque siempre cuentan con gran número de “consumidores”. Los consumidores somos nosotros y lo seguiremos siendo sino buscamos en nuestras prácticas de familia, de barrio, o bien de comunidades, desarraigar algunos vicios como los de “sacarnos el cuero” y cambiarlos por “la corrección fraterna”, el perdón o la reconciliación. Por este camino podremos empezar a asumir las enseñanzas del Señor de amar a nuestros enemigos o por lo menos rezar por ellos y tratar de no dañar a nadie. ¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
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