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La Voz de Nuestros Pastores - Mñor. Carmelo Juan Giaquinta

Apuntes de + CJG para la Homilía del Domingo 1° Cuaresma: Lc 4,1-13 (25-02-2007).

I. Cuaresma, tiempo de prepararnos a la Pascua
1. El miércoles pasado, con la imposición de las Cenizas, comenzamos el tiempo de Cuaresma. Una especie de Grandes Ejercicios Espirituales para el pueblo cristiano, a fin de prepararnos a celebrar, con el corazón dispuesto, la solemnidad de la Pascua y renovar los compromisos bautismales.

2. En este primer Domingo, la Iglesia nos propone la escena de las Tentaciones soportadas por Jesús. Este año, en la versión de San Lucas (Lc 4,1-13). Es un día oportuno para abrir los ojos a nuestras propias tentaciones. Seguro que las habremos sufrido desde la última Pascua. ¿Bajo qué ropaje se nos presentan? ¿Las enfrentamos con la oración? ¿Caemos en ellas?

II. La tentación prueba la fidelidad del hombre a Dios
3. El Tentador (eso significan las palabras “Satanás” y “Diablo”) nos tantea en lo que es más propio de cada uno. ¿Adán había sido creado a imagen y semejanza de Dios? Pues esa fue la veta que explotó el Tentador: “Cuando ustedes coman de ese árbol, le dijo la serpiente, se les abrirán los ojos y serán como dioses” (Gen 3,5). ¿Jesús es el Mesías? Pues allá también fue derechito el Tentador: “Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan” (Lc 4,3). A cada uno le sucede lo mismo. Ser lo que uno está llamado a ser, pero por un camino contrario al del Bien y la Verdad.

4. Nos puede llamar la atención que Jesús haya sido tentado. Es lo propio de todo ser creado, que es limitado. Jesús, en cuanto ser humano, lo es. Por haber soportado y superado la tentación, sabemos que es de veras nuestro hermano. Como dice la carta a los Hebreos: “Debió hacerse semejante en todo a sus hermanos… Y por haber experimentado personalmente la tentación y el sufrimiento, él puede ayudar a los que están sometidos a la tentación” (Hb 2,17-18).

5. La tentación es una circunstancia interna o externa, que tiende a engañarnos, presentándonos el mal bajo la apariencia de bien, y pone a prueba nuestra fe en Dios y la fidelidad en su servicio. No estamos destinados a caer en ella. Podemos superarla, como Jesús. Pero es imposible no sufrirla.
A veces la tentación se origina en personas que fingen ser amigas. San Lucas nos cuenta que Jesús sufrió ese tipo de tentaciones: “Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para tentarlo: ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna’?” (Lc 10,25). “Otros, para tentarlo, exigían de él un signo que viniera del cielo” (Lc 11,16). Incluso, puede venir de personas amigas. El apóstol Pedro intentó disuadir a Jesús del camino de la Cruz. La respuesta de Jesús fue: “Retírate, ve detrás de mí, Satanás. Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres” (Mt 16,23).
La tentación puede provenir del ambiente. Y hoy especialmente a través de los medios, que no cesan de trasmitir un mensaje contrario a lo que se enseña en familia y en la escuela.
La tentación puede provenir también del propio pecado. Por ejemplo, uno miente. La vez primera le da asco. La segunda, menos. La tercera, ya se ha vuelto un mentiroso, y él mismo se tienta y miente. El desorden interior tiende a traducirse en obras exteriores desordenadas. Jesús no conoció este tipo de tentación, pues no conoció pecado. Hoy es frecuente la tentación de pensar que no hay tentaciones que provengan del desorden interior. Y que todo se resuelve en satisfacer las propias inclinaciones, sin examinar qué hay de legítimo en ellas, y qué es fruto del pecado. Imposible una educación cristiana si se prescinde de la realidad de la tentación.

6. Ésta ocupa un lugar privilegiado en la enseñanza de Jesús. Evitar caer en ella es una de las gracias que nos enseña a pedir en el Padre Nuestro: “…No nos dejes caer en la tentación” (Lc 11,4). Lo mismo les advirtió a sus discípulos la última noche en el Monte de los Olivos: “Oren, para no caer en la tentación” (Lc 22,40.45). Por tanto, no podemos soslayarla en la educación y en la catequesis.

III. Las tentaciones de la Iglesia de hoy
7. La Iglesia también sufre tentaciones. Algunas son permanentes. Una puede ser que la Iglesia asuma la asistencia social y deje de catequizar: “Manda a esta piedra que se convierta en pan” (Lc 4,4). O que pretenda conquistar el mundo a cambio de la verdad del Evangelio: “Si tú te postras delante de mi, todo esto te pertenecerá” (Lc 4,7). O que se convierta en un espectáculo que arranque aplausos: “Tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden” (Lc 4,9-10).
Otras tentaciones brotan de las circunstancias históricas, a veces explotadas por la prensa, pero otras, alimentadas por nuestra impericia. ¿Lo veremos también durante la próxima V Conferencia del Episcopado de América Latina?
La Iglesia, fiel a Cristo, mirándose en su rostro, ha de plantearse dos preguntas: 1ª) “Iglesia, ¿qué dices de ti misma?”; 2ª) “¿Cómo está el mundo en el que cumples tu misión?”. Hace tiempo eludimos la primera pregunta. Es hora de volvérnosla a plantear. ¿Podríamos tratar del fenómeno de la globalización y su incidencia en la vida, y no preguntarnos cómo realizamos la predicación del Evangelio que Cristo nos encomendó? ¿O hablar de la increencia, y no de la poca fe de los que creemos?

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