El 26 de octubre, celebramos la fiesta litúrgica de San Demetrio, gran mártir. Un santo, que vivió en el tercer siglo de cristianismo, pero muy actual y desafiante para nuestra época.
Fue educado en la fe cristiana; su padre era un alto funcionario del imperio Romano. El emperador Maximiano nombró a Demetrio procónsul, una especie de gobernador de Tesalónica. Demetrio, a pesar de ocupar un alto cargo en el Imperio, profesaba abiertamente su fe cristiana. Por este motivo el Emperador lo encarceló. En la cárcel Demetrio bendijo a su discípulo Néstor para la lucha con el gladiador Lius, a quien nadie podía vencer. Néstor enfrentó a Lius con la cruz en una mano y lo mató. Al enterarse el Emperador de este incidente, ordena matar a Demetrio. Lo matan traspasándolo con una lanza, por eso se lo representa con una lanza en su mano como trofeo y la palma como signo de martirio.

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