En este tercer domingo de cuaresma, el Espíritu Santo nos anima a poner la tercera marcha y dirigirnos hacia adentro del corazón. El evangelio, nos confronta con nosotros mismos, sin rodeos, sin escusas, con la mayor capacidad de conciencia que tengamos y que esta no este fundada en nuestros criterios sino en los del Señor.

La conversión (en griego metanoia “μετανοῖεν”), hace referencia específicamente a un proceso que involucra una serie de acontecimientos necesarios para entenderla bien. Este camino tiene un comienzo muy común pero misterioso a la vez. Podríamos decir que existen tantos principios de conversión, como personas convertidas hay.

Esto no es un dato menor, porque justamente habla de la particularidad de los personajes reales que intervienen en este paso de inicio.

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