María es la evangelizadora contemplativa y oculta de la Buena Nueva. Simplemente por la presencia de Cristo en ella hace que también sea presente para los demás:

Como en María, Jesús vive en nosotros y espera que lo compartamos con todos los que encontremos. Cada uno de nosotros debe ser una señal, una imagen, un misterio de la presencia de Cristo. María nunca dudó. Confiando en que Dios sabía lo que hacía, se limitó simplemente a decir “Hágase en mí según tu palabra” (Lc.1, 38).

Esta debe ser la primera cualidad de todo evangelizador – el afán de ser vulnerables a la voluntad de Dios. Como María debemos escuchar silenciosamente, dispuestos a oír y aceptar el mensaje de Dios.

Otra cualidad de los evangelizadores es que, como María, a menudo ¡están en camino!. Pensemos en todos los viajes de María con los pies llenos de polvo, cansada de viajar, preocupada por la seguridad de su familia a lo largo del camino. Fue, llevando a su hijo a casa de Isabel, a Belén, a Jerusalén, a Egipto y de nuevo a Nazaret. Más tarde estuvo con él en su vida pública. Y para terminar, caminando sobre las huellas de Jesús siguió el camino de la cruz al Calvario y a la tumba.¿Cuánta gente encontró María por su camino? ¿A cuántas Isabeles se apresuró a ayudar?.

María en Nazaret es el reflejo de la importancia primaria de compartir la Buena Nueva a través del testimonio de vida. Imaginad solamente, usando las palabras del Papa Pablo VI, cómo en su pequeña aldea María, José y Jesús irradiaban “de una manera sencilla y espontanea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve. …A través de este testimonio sin palabras suscitaban interrogantes en los corazones de los que veían como vivían: ¿Porqué son así? ¿Porqué viven de esta manera? ¿Porqué están entre nosotros? ¿Qué es o quién es el que los inspira? Pues bien este testimonio constituye ya una proclamación silenciosa pero también muy clara y eficaz de la Buena Nueva. …el acto inicial de la evangelización (E.N.21)

Muy a menudo lo silencioso, lo amable, lo oculto y lo común crean solamente perplejidad. Sin embargo podemos considerar a la silenciosa y amable María como el modelo por excelencia, la pionera, la innovadora que fue la primera en traer al mundo la nueva presencia de Dios.

Ella puede ayudarnos a ver que el Reino de Dios es como como un diamante en una playa de arena, silencioso como el cielo de la noche, tan imperceptible como una yema que brota y florece. Ella nos muestra también que el amor de Cristo dentro de nosotros puede ser más poderoso que una explosión atómica si decimos como ella “Hágase en mí según tu palabra”.

La Iglesia, los Cristianos, el Cuerpo de Cristo “cubierto con la sombra” del Espíritu Santo como lo fue María, debe continuar a contemplar, a descubrir siempre de nuevo y compartir la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del misterio de Cristo.

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