Quiero contarles una historia. Cierto día un sabio llamó a un grupo de amigos y los puso frente a una ventana. Les pregunto: Que ven? Unos contestaron la calle; otros,  autos; otros, plantas, gente que va y viene; y así fueron describiendo todo lo que podían mirar del exterior. Luego y a continuación de la ventana, había un espejo. Los paró al frente y les formuló la misma pregunta. Estos contestaron, nos vemos a nosotros mismos. 

Entonces les dijo, porque si la ventana y el espejo tienen el mismo material, que es vidrio, vemos cosas distintas? Porque el espejo, es vidrio con una  película de mercurio.

Esto mismo nos pasa a los hombres. Mientras nuestra vida es un vidrio sin ningún agregado podemos ver todo lo que hay y pasa alrededor nuestro pero cuando en la vida entra el pecado y vivimos en el, solo nos podremos ver a nosotros mismos.

Entonces qué bueno que ante el primer síntoma  que tengamos de perder de vista al hermano, pidamos el auxilio de Dios que nos envia al Espiritu Santo, Tercera Persona de la Santisima Trinidad,para que nos auxilie y nos vuelva a su camino.

Lo leemos en el Evangelio de San Juan 14,26 “pero el Paraclito, el Espiritu Santo que el Padre enviara en mi nombre, les enseñará todo y les recordará todo lo que les he enseñado”.

Dios sabe de nuestras limitaciones y de nuestra debilidad y por ello aunque nos mandó a Jesús a enseñarnos con su estilo de vida, a vivir en el amor, también sabe que siempre necesitaremos de su fuerza y su poder para mantenernos en sus enseñanzas y por eso nos manda al Espíritu Santo que es nuestro Paráclito.

Y que es Paraclito? La palabra proviene  del latin Paraclitus y del griego Parakletos y quiere decir defensor, el que intercede, el abogado, el que consuela.

Paraclito no es el nombre de alguien sino su función, que es la de estar al lado de… y ese es su rol. Estar al lado nuestro para protegernos, para revelarnos y hacernos comprender y vivir el mensaje de Jesús.

Y ese  mensaje es el que nos permite ser “vidrios transparentes” y no espejos porque lo que nos vuelve espejos es el pecado.

En la historia que les comparti el pecado es esa lámina de mercurio que no nos permite ver a nuestro prójimo y hace que todas nuestras acciones tengan como destinatario a nosotros mismos y este no es el mensaje de Jesús ni su estilo de vida porque Él vino a dar la vida por nosotros y eso es lo que debemos vivir. Estar dispuestos a dar la vida por los demás. 

El pecado nos aleja  de Dios, del prójimo y hasta de nosotros mismos y esto no nos permite ser felices y vivir en libertad.

Por esto los invito a preparar nuestro corazón para vivir en plenitud este nuevo Pentecostés. Pedirle a Jesús que reavive en nuestra vida la presencia de su Espíritu para que renovando las enseñanzas de Jesús nos abramos a vivir generosos nuestras relaciones fraternas para que seamos capaces de amarnos como Él nos ama, ser solidarios, compasivos, que aprendamos a vivir sin juzgar ni condenar y solo animados para que cada gesto nuestro sea generador de vida en quienes nos rodean.

Pidámosle a Jesús que en este nuevo Pentecostés le permitamos revivir al Espíritu Santo para que sea nuestra ayuda y nuestro defensor. Y no pensemos que esta Persona Divina debe venir del Cielo y llegar de vaya a saber que lugar. Recordemos que esta en nosotros, lo recibimos en el bautismo, ESTÁ EN NOSOTROS, solo debemos advertirlo y dejarlo cumplir su función. 

Jesús que sabe de nuestra limitación nos deja este “Paráclito” porque quiere que desde ya podamos vivir la alegría de su Reino.

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